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CON VIRGILIO EN EL SOFÁ

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 61: ¡QUE VIENEN LOS RUSOS! por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 61: ¡QUE VIENEN LOS RUSOS! por Miguel Ávila Cabezas

He estado buscando el día 61 por todos los rincones de la casa y no ha habido forma humana posible de dar con él. Tras mi último (y espero que no sea definitivo) encuentro con Virgilio, no doy pie con bola: leo y leo sin parar todo lo que cae y no cae en mis manos, en contadas ocasiones atiendo con evidente desgana a la crónica de sucesos del telediario de la 5 e incluso hasta permanezco fiel al televisor esperando que los cazasubastas consigan ese tesoro escondido que todos anhelamos descubrir sin necesidad de desplazarnos a, por ejemplo, los olvidados trasteros de Detroit (en Michigan, Estados Unidos).

De “Saber y ganar” prefiero no aventurar nada, pues todo es más de lo mismo en el fondo del agujero negro de este aquietado mes de agosto, habida cuenta del infinito cansancio que me domina tras el café como el Dios de la glucosa manda y el único cigarrillo que, stricto lato, me fumo al cabo del día. Y, añado, el tiempo pasa y pasa sin detenerse un punto empujándome irremediablemente hacia ese extraño momento en que todo se consuma y la nada habrá de ser la memoria que quedará de nuestro paso por este, cómo decirlo, estupefacto planeta. Lo que digo: estoy que no doy una y, para más inri, mi sacrosanta siesta ya no se extiende más allá de, no exagero, unos ripiosos tres cuartos de hora por causa de la típica incontinencia prostática. Al caer la tarde, indistintamente me fijo en Cora y en Jaro, en Jaro y en Cora, ambos en actitud de espera, y percibo en sus respectivas miradas que ya es demasiado tarde y que no hay otra cosa que hacer que no sea la de pasar una y otra vez la fregona en donde Cora va dejando su impronta canina o decidirme a preparar la ensalada de todas las cenas. Jaro calla y observa con resignada apatía.

Son ya las nueve y media de la noche y algo me dice que en lo más profundo de mi ser se está operando un cambio, una especie de deriva hacia un estado distinto al que tenía cuando Virgilio y yo departíamos tan… animadamente sobre lo humano y lo divino en el sofá de terciopelo rojo, ajado y triste hoy por su implacable ausencia. “¡Escribe sobre el Titanic!”, me dicen unos. “¡Esto se hunde!”, añaden. “¡Ya sabes: la lucha de clases!”, rematan con la esperanza perdida en el horizonte inconcreto del levante ceutí. “¿El Titanic sin Virgilio?”, me pregunto, tan retóricamente, yo. ¿Qué Titanic entonces?: ¿una vez más el de los ERE de Andalucía; el de Ucrania, ya repicando y replicante ante nuestras propias, si superlativas, narices; el de Israel y los cerca de sus dos mil muertos en Gaza, para variar; el de los mil y un fundamentalismos que en este mundo cobarde y asesino son; el del Ébola (imparable el virus hasta donde y cuando interese); el de las palizas a los inmigrantes (ilegales, por supuesto) en la parte supuestamente marroquí de nuestras fronteras; el del toro de la Vega; el del otro, el enamorado de la luna; el del Mas por menos y España lesionada en su raquis cervical superior; el de…? ¿De qué Titanic habláis, servidores del bien común, buena gente donde las haya? Si, parafraseando al poeta, “yo ya no soy yo / ni mi casta es ya mi casta”, ¿qué puedo esperar a estas alturas del inminente final de las vacaciones? ¿Que Santa Primitiva y Santa Bono Loto me auxilien en la consternación y el quebranto? ¿Que la Virgen del Perpetuo Socorro se alíe con el Gordo y ambos me echen un capote, aunque sea en mi próxima reencarnación? ¿Como gato? ¿Como ornitorrinco? ¿Como director general de una multinacional porno? ¿Como cantante quizás? ¡Ay Dios, Dios! ¡Cuánto despropósito y cuánta incertidumbre! Y encima los rusos nos han invadido el cortijo con su pachorra indoeuropea, sus enormes gorras de plato y sus cabezas redondas para llevarse del Lid’l todo lo que otros no han arramblado camino del más allá. Revellín arriba y Revellín abajo, los rusos. Ya digo: no somos nadie y menos en Jutlandia. ¡Jesús, qué cruz de Virgilio! ¿Quién es quién en esta prisión del sueño?

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CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 60. "Hoy es siempre todavía" por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 60. "Hoy es siempre todavía" por Miguel Ávila Cabezas

Insólito pero cierto. Esta pasada noche, la noche de todas las noches, se me ha aparecido Virgilio. Así como lo digo. Andaba yo, no precisamente muy atareado que digamos, por la etapa cuarta del sueño (sí, listillo, la del sueño Delta), cuando héteme aquí que, surgiendo de vaya usted a saber dónde, se me presenta el Interfecto a los pies de la cama esgrimiendo una sonrisa que, valga la expresión y el importuno anacoluto, le pillaba con exclusiva mordacidad de rabo a oreja. Ni que decir tiene que al punto me sentí trasladado a la fase del sueño paradójico en cuya dimensión mantuvimos el siguiente diálogo (traslado literalmente lo que entonces se dijo, con puntos, comas, puntos y comas y otras tonemáticas menudencias y acotaciones):

-         YO: (Atónito, en la espiral del sueño.) ¡Virgilio! ¿Tú? ¿Eres tú?

-         VIRGILIO: (Desde su territorio onírico.): Ron ron ron… ron ron ron…

-         YO: Eso quiere decir…

-         VIRGILIO: (Rotundo.) ¡Ron!

-         YO: ¡Hombre, digo gato, ya era hora!

-         VIRGILIO: (Con expresión abiertamente inquisitiva.) ¿Ron ron ron ron?

-         YO: ¿De qué va a ser? De que de una vez por todas asomaras tu insigne jeta por estos andurriales.

-         VIRGILIO: (Supuestamente agriado.) ¡Ron ron ron ron ron ron ron ron!

-         YO: No hace falta que me lo digas con tanta energía. Siempre lo he sabido. A nuestra común experiencia vital me remito.

-         VIRGILIO: ¡Ron ron ron ron ron ron ron ron ron! ¿Ron ron ron ron ron? ¿Ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron?

-         YO: No me hables de “carretes”, Virgilio. Sabes perfectamente que siempre has hecho lo que te ha dado la morganática gana. El que tú y yo, por cosas del destino, pertenezcamos a especies distintas no quita para que no nos podamos comunicar como Dios manda y en su momento dispuso. Eso sí, con la educación y las buenas maneras siempre por delante. Fíjate, si no, en Cora (delicuescente), con esos ojos oceánicos que tiene, con esa ternura que emana de todos y cada uno de sus gestos y movimientos… Esa cachorrita mía del alma…

-         VIRGILIO: ¿Ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron?

-         YO: ¿Que qué tiene que ver aquí la perra esa? ¿Tú qué crees? Mucho tiene que ver mi Cora del alma. Para compensar el vacío que tu ausencia nos dejó, los dioses nos la trajeron en venturoso día de este verano en el que al tiempo, por supuesto, tampoco le ha dado por detenerse. Y nuestro trabajico que nos ha costado sacarla adelante…

-         VIRGILIO: ¡Ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron! ¡Ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron!

-         YO: (A pique de un repique.) ¡Aunque en estos últimos meses te haya echado tanto en falta, no te permito que te dirijas a mí en esos términos! ¿Cursi? ¿Zoofílico? ¿Pedofílico yo? ¿Cómo te atreves? ¿No será que te están reconcomiendo los celos? 

-         VIRGILIO: (Irónico a más no poder.) ¿Ron Ron ron? ¿Ron ron ron ron ron Ron ron?

-         YO: Jaro es otro concepto, que diría el pope cultural de la costa nuestra.

-         VIRGILIO: (Herido en lo más profundo de su gatuna condición.) ¡Ron ron ron ron ron ron! ¡Ron ron ron ron ron ron ron ron!

-         YO. ¿Cómo puedes decirme eso, Virgilio? ¿Que yo nunca te quise? ¿Que únicamente he ido siempre a lo mío? ¿Y nuestras plácidas tardes de “Saber y ganar” en el sofá de terciopelo rojo? ¿Y nuestros sesudos diálogos sobre lo humano y lo divino en él acomodados?

-         VIRGILIO: (Granaíno.) ¡Ron ron!

-         YO: ¿Cómo que pollas? ¿Así, a la primera de cambio, tiras por la borda sesenta días como sesenta soles?  (Cabreado sin duda.) ¡¿Pollas?! ¡¿Pollas?!

-         VIRGILIO: (Más granaíno aún.) Ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron.

-         YO: ¿Sesenta días como sesenta pollas? ¿Eso es todo lo que me tienes que decir? ¿A qué has venido entonces?

-         VIRGILIO: (Sardónico, con su punto justo de malafollá.) Ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron.

-         YO: (Indignaaadííííssiiimooo.) ¡Esto ya clama al cielo! ¡Ahora me sales con esas: con que yo no paro de darte por culo un día sí y el otro también! ¡Tu boquita destila esta noche el más puro de los lirismos!

-         VIRGILIO: (Impertérrito.) Ron ron ron ron, ron ron ron ron ron ron ron.

-         YO: (Conciliador.) Virgilio, seamos sinceros. Lo nuestro se está convirtiendo en un auténtico diálogo de besugos. Y yo, a estas alturas de la noche, no estoy para bucles.

-         VIRGILIO: Como quieras, pero que conste que has sido tú, y solo tú, quien me ha estado llamando sin cesar. No yo… a ti.

-         YO: (Francamente indignado.) ¡¡Ron!!

-         VIRGILIO: Tú mismo. (Vase flotando hacia el fondo del vacío.)

-         YO: ¡Ron ron ron! ¿Ron… ron… ron…? 

(Silencio. Nada.)

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 59: ¿Hay alguien por ahí? por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 59: ¿Hay alguien por ahí? por Miguel Ávila Cabezas

Ha pasado ya una eternidad desde que Virgilio hiciera en el sofá de terciopelo rojo su real, si visible, aparición por última vez. Y desde aquellos polvos a estos lodos en el mundo ancho, propio, ajeno, pequeño y distinto ha sucedido de todo, es decir, más de lo mismo, porque cada día que transcurre esto está más perdido que el barco del arroz al que algunos ilusos siguen buscando (como yo a Virgilio) en las profundidades oceánicas de su imaginario.

Bien es cierto que en su justo momento el morrongo de Virgilio siempre pasó cuarto y mitad de lo que en boca de nuestro profesor de retórica y poética daremos en llamar “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”. Pero eso no quita, en absoluto, para que no echemos en falta, al menos, sus silencios o bien sus elocuentes ronroneos de sobremesa frente al incombustible Jordi, el homónimo de otro incombustible, éste por su insaciabilidad monetaria y honorable apellido: Pujol.

En verdad en verdad os digo que no quiero seguir por la procelosa senda que me marca el destino, pues a ocultas herencias en impolutos paraísos me remito y no al pañol de velas del Juan Sebastián Elcano.

Tampoco consuela el recuerdo de nuestro Virgilio distante, venido del cinturón de contenedores, quien llegara en glorioso momento a decir lo de “esta boca es de quien es y el que quiera entender que se empape de Feuerbach” (copio aquí a ese excelente novelista, sin pelos en la lengua y con auténticos misiles atómicos en su canana literaria, que es Manuel Cantera), y ello, asimismo, con mutaciones tan… paranormales (por no decir metempsicóticas) como aquella en la que el alma palatalizada del Gran Jardinero se colara en su nasofaringe (¿se escribe así?) y lo abocara a repetir a voz en grito, y hasta la extenuación de nuestras mismísimas trompas de Eustaquio, la frase especular: “¡¡INCHIDIAS!! ¡¡ECHO CHON INCHIDIAS!!”. (¡Ay, mundo traidor!, ¿por qué callas ahora, en plena canícula? ¿Será que el jardín patrio ya en lontananza se atisba lindo y florido?).

Digo que aparte de los apartes, aquí y ahora he de reconocer que el ausente se ha limitado a estar estando en sí, como un santón felino, teresiano perhaps, tal si con él nunca hubiese ido la copla de lo que sucedía, y sigue sucediendo, en “este mundo absurdo que no sabe adónde va” (Aute dixit). Yo sí que no sé. A día de hoy, tengo para mí que, visto lo no visto y oído lo no dicho, Virgilio se nos ha ido para siempre. ¿A dónde? Como no nos lo preguntemos cada cual a nosotros mismos difícilmente obtendremos lenitiva respuesta.

Y esto que digo es tan sólo hablar por hablar, y no te digo trigo por no llamarte Rodrigo (Chiquito, el otro, tan acertadamente dixit). Insisto: que cada palo aguante su vela, cada línea continua su carretera y, por su puesto (sic), cada loncha su correspondiente barra de chopped. De aquella primera circunnavegación del globo, ¿qué nos queda?: ¿ciento veintisiete kilos de farlopa? ¡Ay, pobres seres a sus superlativas narices pegados! Hoy no hablaré de la franja de Gaza ni de sus más de mil setecientos muertos por la ofensiva (¿) israelí, de los cuales más de cuatrocientos son, sí, niños.

Tampoco hablaré del fenómeno Podemos. Ni de Ucrania y el señuelo del Boeing de Malaysia Airlines. Ni aun de nuestro Felipe VI y Letizia, tan radiantes e intachables ellos de vacaciones en Mallorca. No hablaré de nada que no sea la Nada Absoluta en la que me ha sumido la ausencia total de Virgilio. Con decir que es tan grande mi apagamiento que ni siquiera enciendo el televisor y sintonizo la Segunda a la sagrada hora de “Saber y Ganar”… En fin, me reitero en lo dicho: “Quien avisa no es traidor”. Y como el interfecto no dé señales de vida en el ya hoy ajado sofá de terciopelo rojo, me paso a Jaro, Lady Confort, o a Cora, la Bella. Última llamada: “¿Hay alguien ahí?”.

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 58. EL PASTOR, LA MONTAÑA, LA FE Y LA PRINCESA por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 58. EL PASTOR, LA MONTAÑA, LA FE Y LA PRINCESA por Miguel Ávila Cabezas

Que la fe mueve montañas, lo sabe hasta mi gato Virgilio que, perdido en la inmensidad oceánica del subconsciente, vaga de acá para allá sin pretender buscar en su fondo nada en concreto sino que lo hace por el mero hecho de dejarse llevar, lo cual es ya más que bastante. Virgilio, gato mío hasta el tuétano, es un descreído de tomo y lomo color gris perla, y por no creer en realidad no cree ni siquiera en que sea la fe el motor que mueve la maciza formación geológica sino que es ella misma, la montaña en sí, la que se desplaza al albur de sus necesidades de espacio, capacidad y volumen. Mucho antes de que la susodicha fe se imponga por imperativo categórico y extrasensorial, es la montaña la que se mueve (eppur si muove) per se y a donde proceda, así tenga que verse impelida a presentarse en el juzgado de la cosa suya para prestar como imputada declaración de prueba irrebatible de amor honesto e ignorante de tejemanejes, chanchullos y otras corruptelas del doncel tonto que se creyó que todo el monte era orégano y el orégano billetes de cien euros, como mínimo.

Yo no sé hasta qué punto y medida podrá captar Virgilio las ondas electroencefalográficas que parten de mi cerebro cuando este comprueba por la prensa nuestra de cada día que pastor evangelista hubo en Gabón que quiso darle una larga cambiada a la fe y acabó ahogándose en el estuario Komo de la capital Libreville. “Si es que no se os puede dar cuartelillo -me habría espetado Virgilio-. ¿Cómo se le ocurre al Franck Kabele ese intentar andar sobre las procelosas aguas sin haber aprendido antes a nadar?”. Sí, Virgilio, llevas más razón que el santo Job o el de las llagas de Cristo. Como diría el último (Tomás y santo también): si no lo veo no lo creo.

Algunos, los seguidores del tal Kabele, lo creyeron pero en el momento de introducirse éste en el impredecible mar lo dejaron de ver… y para siempre. (…) Que qué tiene que ver todo esto con aquello y aquello con todo esto, no tengo ni la más repajolera idea. Como el pensamiento inconsciente en la escritura automática me viene así a la cabeza y así lo suelto.

En este tótum revolútum en el que se ha convertido el solar patrio parece que el último recurso de la mayoría, estafada, habrá de ser la resistencia (¿pasiva?) o bien, en su caso, el grito o el lanzamiento y quema de objetos varios contra los defensores de la ley (¿!) de ellos y el orden (¡?) suyo habida cuenta de que la opción de asaltar la Bastilla o el Palacio de Invierno ya ha quedado fijada, para siempre, en los anales y libros, adecentados, de la Historia. ¿Y entonces qué nos queda? La esperanza, sin duda, pues es lo último que se pierde, tras la vivienda, el trabajo, las preferentes (una vez más), la sanidad, la educación, los derechos más elementales y el alma en pena de tantos jóvenes que buscan trabajo y dignidad por esos mundos de Dios y de Bruselas. Menos mal que, tras la visita de nuestro Pijus Máximus al Emperador de Occidente, España ha regresado al redil de donde nunca tenía que haber salido: “España ha vuelto”, manifestó el otro nada más pisar el umbral de la Casa Blanca. (De seguro que antes le pidieron los de seguridad que se identificara al confundirlo con un vendedor de enciclopedias a domicilio). ¿Habrá mensaje oculto, y trascendente, en aserción tan rotunda? Y nosotros, de paso, ingenuamente nos preguntamos: ¿España ha vuelto? ¿Adónde, de dónde y para qué? Tengo para mí, querido amigo, mi gato Virgilio, que haces muy bien en permanecer ahí donde estás y en no querer asomar tu patricia jeta ni siquiera para cuestionar la paradoja de Schrödinger. Tú sí que eres un gato cuántico y no el de la caja cerrada y opaca del físico austriaco. Hazme sitio, que me voy contigo. ¡Ah!, y que Gallardón nos coja confesados.

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 57: ALEA IACTA EST por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 57: ALEA IACTA EST por Miguel Ávila Cabezas

La historia del cojo de Albolote, Virgilio, es motivo más que sobrado para que de una vez por todas te decidas a salir de tu refugio interneuronal y celebres junto a mí, pobre humano con aún más pobre vocación de santo bebedor, la agudeza de ingenio de este hombre de 51 años que en el interior de su pierna ortopédica distrajo en el mismo supermercado del pueblo de nuestra fértil, si acementada, vega 50 botellas de variados licores, de dos en dos en cada uno de los 25 viajes que hizo de la estantería al maletero de su coche y del maletero de su coche a la estantería donde las muy ladinas le susurraban sicalípticamente al oído: “¡Tómanos, tómanos! Somos tuyas. Solo tuyas”.

¿Y quién se resiste, entonces, al llamado del duro placer etílico? “Sí, tú”, me estás diciendo desde esos abajos. “Sí, yo”, te confirmo desde estas altas rocas innombrables, pero el porqué no es otro que el que imponen mi natural sentido de la moderación y mi endocrino de guardia, que al acecho están, ambos, las veinticuatro horas del día: “¡Cuidado, te estás pasando con el pan!”. “Pero si es un trocito de nada”.

“Sí… un trocito. Por un trocito se empieza y se acaba uno zampando la hogaza entera. Ayer, sin ir más lejos, cortaste a toda hostia dos rodajas de salchichón y te la metiste entre el pecho y la espalda de la insoportable gravedad de tu ser”.

“Ya estamos de nuevo con el plasta de Kundera. ¿Cómo quieres que te diga que en casa no entra chacina alguna desde que César pasara el Rubicón, allá por el año 49 a.C.?”. “Menos lobos”. “Es un decir”. “Y un tragar”. (…). De este estilo, Virgilio, son los encuentros y desencuentros que se consuman, un día sí y el otro también, entre los susodichos de la bata blanca y la mojigata, y yo.

Si cuando Él habitaba entre nosotros nuestro horizonte existencial se resumía en “ver, oír y callar”, ahora ya ni eso. Lo mejor será quedarse bien quietecito en casa, no vayamos a tonterías, que es como decir “no vayamos a pollas, ni pollas”, desemantizado oportunamente el viril vocablo, por algo uno es más granadino que Conchita Barrecheguren o que Jorge Fernández Díaz, nuestro incomprendido Menistro del Interior que un día se echara al monte orgánico para parir (¡parapanpanpán!) la nueva Ley de Seguridad Ciudadana con la que nos van a dar salchichón ultraderechista del bueno por alternativos, antisistema, perrosflauta, rastas, raperos, porretas, saltimbanquis, protestones de diversa laya, antidesahucios, jipis, reivindicativos habrasevistonohayderecho y gente de mal vivir.

Las cosas como son y como Dios manda porque, vamos a ver, ¿a quién se le ocurre en estos tiempos que corren salir a la calle a manifestarse por un trabajo o una vivienda que protejan de las inclemencias del no ser; a quién clamar contra la corrupción política y la de toda la vida, contra la insolidaridad y ceguera de sus conspicuos representantes, contra el secular bribonerío de los bancos… yo que sé…; a quién demandar derechos tan elementales como una educación y una sanidad públicas, dignas, igualitarias y universales…? ¿A quién? (…)

Por supuesto que la culpa de todo lo que pasa la tienen Zapatero, por lo que fue y no pudo ser, y también Julio César, por haberse decidido a pasar el histórico río del nordeste de Italia y dar con ello inicio a la Guerra Civil en la que llevamos inmersos más de dos mil años. (…) ¿Que desvarío? Eso es lo que tú piensas, Virgilio, pero que te conste que todo se halla interconectado desde el principio mismo de los tiempos: “Saber y ganar”, las concertinas de las vallas de Melilla que interpretan un “Mi carro” disuasorio cuando intentan saltarlas (las vallas) los del aquel lado para alcanzar este otro para ellos más que promisorio (¡?!), tú, yo, los treinta mil euros de multa al primer pardillo al que se le ocurra salir a la calle aunque sea para tirar la basura en donde corresponde, el melón de la infanta, la cadera del rey, los falsos maletines de UGT… y hasta el mismísimo cojo de Albolote con sus 50 botellas de variados licores y su pierna cómplice.

Y si no, ya lo verás cuando se acabe la película y El Gran Operador nos la proyecte el Día del Juicio en la pantalla morfogenética del Valle de Josafat. A más de uno (y de dos) se le va a caer la cara de envidia y de vergüenza. Lo que Nietzsche y yo te digamos: El eterno retorno. ¡Menuda cruz! ¡Un tótum revolútum! (…) Por cierto ya hablas, ¿no? Aunque sea en sordina. (Entra dentro de la casuística).

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 56: COSAS DE LA FARLOPA por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 56: COSAS DE LA FARLOPA por Miguel Ávila Cabezas

Entre las muchas proezas que los españoles tenemos que agradecerle a Belén Esteban, nuestra entrañable, si recauchutada, princesa del pueblo, aparte de su apremiante instigación al consumo, responsable, del pollo y sus derivados (ya para la posteridad queda escrita en letras de oro su proverbial exhorto: “¡Andreita, cómete el pollo!”) y de revitalizar y cargar de sentido con su presencia y sus profundas elucubraciones el tertuliano patio hispánico, está (fusilo directamente de Internet) la de animar y orientar en los procesos de enseñanza-aprendizaje, para que promuevan el desarrollo y mejora de la competencia, el fomento del hábito lector, y así mejorar las expectativas de éxito educativo en los alumnos y alumnas, que somos todos “sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, según reza nuestra sacrosanta Constitución en su artículo 14. En correspondencia con el universal acontecimiento, que ha sido divulgado, urbi et orbe, por la incansable Tele5 en su programa “Abre los jojos… y mira”, traigo aquí a colación, e in extenso, mi loquinaria núm. 459 (Segundo libro de las loquinarias, Editorial Alhulia de Salobreña) en la que recogí la noticia que en su día se diera sobre la elevación a los altares académicos de nuestro director espiritual, el único, el auténtico, el inmarcesible Chiquito:

¡¡POR FIN!! CHIQUITO DE LA CALZADA EN LA ACADEMIA 

Apadrinado por Pocholo, Julián Muñoz y la inefable Belén Esteban, el afamado ensayista, sexólogo, politólogo, sociólogo, economista, vulcanólogo y vampirólogo, Chiquito de la Calzada, tomará posesión el próximo día veintitantos de agosto (cuando canta la chicharra / y responde el candemor) del sillón CH (con mayúscula) de la Academia de la Lengua Viperina, que dejara vacante (el sillón) nuestra llorada y nunca lo suficientemente ponderada en vida Ana Rosa Quintana, autora de obras tan emblemáticas como Lolita, de Nabokov o El ruido y la furia, de William Faulkner. Ya lo dijo in illo tempore el cardenal Roucco Varela (sosias de Paco Clavel y, en lo más profundo, del otro, de Siffredi): “Quien no haya leído a Chiquito es que no es hijo de buena madre. Y debe de inmediato apostasiar. Y ello por el bien de la Santa y Verdadera (Madre) y su grey invidente”. El “pata chula-2”, como le llaman los más íntimos, está, pues, que relincha de gozo y alborozo en un momento histórico en que Mondadori Editores tiene previsto dar a luz (¡con dos cojones!) sus obras completas, de entre las que destacamos los siguientes títulos: Jandepeich o ¿esto es crisis?, el ya clásico Candemor, el pecador de la pradera, Al ataaaqueeer y Quietooool, galardonado en su día con el Primer Premio de Ensayo “Conchita Barrecheguren” de las Nuevas Generaciones de Salobreña-santo y seña. Méritos no le faltan a Gregorio Esteban Sánchez Fernández para ocupar no el susodicho sillón sino todos los que hubiere menester. (¡Faltaría más!).”

En verdad nuestra Belén, cuidadosa hasta en el menor de los detalles con el futuro que irremisiblemente ya es de su propiedad, ha sacado de las profundidades de su estro una obra magna que lleva por título Ambiciones y reflexiones. Quien estas líneas tan torpe como humildemente escribe aún no ha tenido el privilegio de leerlo pero juro por lo más grande del mundo y del universo entero que he de perder el culo y, si se terciara, las témporas por conseguir el libro en la sección de novedades de El Corte Inglés antes de que me lo quiten de las manos los ávidos lectores. Tiemblen los Javieres Marías, los Antonios Muñoces Molinas y los Pérez Revérteres. Me apuesto lo que sea (por ejemplo, los 6 tomos del Diccionario Crítico-Etimológico Castellano e Hispánico, de Corominas y Pascual) que, sin necesidad de pasar previamente por la docta casa para ocupar el sillón s, que, viendo lo que se veía venir, ha dejado vacante José Luis Pinillos Díaz, nuestra Belén del alma y el cuerpo místicos será nominada por aclamación popular para el Premio Nobel de Literatura del próximo año. Y es que donde se ponga su realismo enfático que se quiten Borges, Flaubert, León Tolstoi o el garbancero de Don Benito Pérez Galdós, por citar, insisto. De la emoción estoy que no cabo (digo “quepo”) dentro de mí. ¡¡Virgiliiiiooooo!!… ¿Me oyes?... ¿Me escuchas? (…) Y Camp ilocalizable, como tú. Y Manu ha salido por la puerta tonta de “Saber y ganar” por culpa del puñetero “granel”. (¿O lo hizo a propósito?). Menos mal que pronto hallaré consuelo en Ambiciones y reflexiones. Como diría el poeta: “Los ojos no ven, saben / El mundo está bien hecho”.

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 55: UNA BONITA HISTORIA DE AMOR por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 55: UNA BONITA HISTORIA DE AMOR por Miguel Ávila Cabezas

Agárrate bien a las neuronas, Virgilio, con lo que te voy a contar. Esta misma tarde, rastreando por aquí y por allí en la prensa canallesca (léase El Faro, ¿de occidente?, ceutí, nuestro Ideal de toda la vida, el Huffington Post, de impronunciable nombre y, por supuestísimo, el Motril Digital, el mejor de todos sin duda), voy y me topo con la noticia de que un tal Richard Torres, actor peruano conocidísimo en su casa a la hora de comer, se ha casado con un árbol, para ser más exacto con un árbol argentino de nombre Sacha Qumir, al que, como mandan los cánones, con lenguaraz ahínco besó ardientemente tras el “sí, quiero”. En verdad en verdad te digo que los caminos del Amor son, como los del Señor, inescrutables.

Y a tenor de lo visto, yo me pregunto, Virgilio: Ya en la quietud del hogar, ¿cuál de los dos, en el caso que nos ocupa, adoptará el proceder sumiso: el árbol, el marido-actor? ¿Cómo será la noche de bodas? (Evito aquí desvelar mis fantasías arborifílicas). Y la intimidad, ¿cómo se cuidarán de miradas indiscretas? ¿Habrá viaje de novios? ¿En qué forma? ¿A dónde? ¿Tendrán descendencia que aporte savia nueva a este mundo anémico, esdrújulo y apático? ¿Serán pimpollos los congénitos? ¿Arbustillos serán? ¿Será sietemesino el neonato? ¿Quién será el emisor? ¿Y quién el receptor? Lo que haya de venir, si es que viene, ¿será una rosa, será un clavel…? En el mes de mayo te lo diré, Virgilio, porque una vez más tengo la ídem hecha un verdadero lío. Yo no te me imagino, gato esquivo, casándote con nada ni con nadie que no sea el sofá de terciopelo rojo o, a lo sumo, el contenedor que queda enfrentico mismo del kiosko del malafollá, aunque, a fuer de ser claros y pragmáticos, poca sustancia nutricia en él depositamos los nuevos y viejos ricachones de la zona privilegiada, según se sube por el Revellín arriba, a la derecha justamente. Como mucho, una cáscara de huevo duro, la piel del plátano chunío o ese cuscurro mohoso que no se lo come ni el mismísimo ácido clorhídrico, nuevamente por citar. En realidad tú no te casas ni contigo mismo, que ya es decir. A los hechos me repito, como diría el Manquiña. De unos meses a estas partes estás de un efímero que clama silenciosamente al cielo. Y para colmo de males te me has metido en el subconsciente de donde te niegas, un día sí y el otro también, a salir.

Como diría mi primo el filósofo: Me tienes más mosqueao que un pavo en Navidad. Porque, veamos y digámoslo con todas sus letras: ¿Qué cojones pretendes con tu actitud? ¿Que yo te olvide? ¿Olvidarme tú a mí? Sabes perfectamente que ambas disyuntivas son inviables y ello por una muy simple razón: porque, bien lo sabes, yo soy tú y tú eres yo. Así de claro y patente. El hecho de que te lo quieras montar por libre en esa tierra de nadie y de todos que es el infinito espacio interneuronal no significa que tú dejes de ser tú dejando de ser yo, y/o viceversa. No sé si me explico con meridiana claridad.

Admito que tú también estás hasta la última punta del más septentrional de tus bigotes de mi parloteo criticón con eso de los “eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”, es decir, con lo de “lo que pasa en la calle” del señor Pérez, el alumno de Juan de Mairena. Reconozco que hasta el propio santo Job se rebelaría contra mi hablativa persona arrojándome a la cabeza la teja con la que en el basurero (¿de Madrid?) sigue eternamente rascándose su puritita llaga. Pero es que no lo puedo remediar, Virgilio. Es algo superior a mis fuerzas. Es como una energía indómita que se expande y se expande desde mis dos centros de gravedad (escorados a la izquierda) hacia la punta de mi… lengua y desde allí se abalanza al exterior convertida en un torbellino de sintagmas, tronchados por los malditos anacolutos, que no hay Dios que los controle, sobre todo si van impregnados con la esencia de la indignación y el justo cabreo. Y más hoy, sábado, día de la desolación y el abandono, pues yo no fui quien pasó por allí, por la plaza de la Rosa, para multiplicar por diez millones las ansias rojas de un billete de diez euros. ¡Ay de mí, Virgilio! ¡Ay, de nosotros!

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 54: LA VOZ por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 54: LA VOZ por Miguel Ávila Cabezas

Mientras el Arzobispado de Granada, a través de su editorial Nuevo Inicio, publica un libro con el emblemático título de Cásate y sé sumisa, de la postfeminista italiana Costanza Miriano, el Granada CF sueña, ya, con la Champion (“¡Lavín, chavea, de aquí a ná ya estamos en la Champion!”, pronúnciese las palatales con la contundencia que al histórico momento corresponde) y en “La Voz” andan a la gresca con sus batallas canoras (mi antigua alumna de Casablanca, Leyna Sadki, fue robada, así sensu lato, en un último suspiro por Antonio Orozco, el de la eterna risotada), “Saber y ganar” ha entrado en una estadio de alarmante descapitalización con el matemático Manu ya convertido en magnífico, ¡y ello en tan sólo seis programas seis! ¡Ay, si todos los gatos fueran como la mujer que preconiza en su best-seller de autoayuda nuestra prolífica, y por supuesto sumisa, madre Costanza, otro gallo subliminal a más de uno nos cantaría! ...Pero no, quien errático vaga por esta selva de los constructos tiene de sumiso lo que el menda de Papa Francisco, Mario Vaquerizo, Alaska o amantísima madre y esposa entregada a la causa de la testosterona… nuevamente por citar.

Y hablando de voces, la otra tarde estaba yo dale que te pego con los comentarios de texto de mis nunca lo suficientemente ponderados, y siempre incomprendidos, alumnos de 2º de Bachillerato, cuando entre deslavazamientos expresivos, interpretaciones insólitas y otros desbarajustes en la cosa crítica, me pareció oír la de Virgilio que sin duda a mí se dirigía desde el más allá de este mi acá en unos términos harto chocantes y extemporáneos para un gato tan… tan… actual e interior como es él.

Algo extraño está pasando por estos mis adentros y yo, como el marido enastado, seré, como siempre, el último en enterarme. Creo, y considero que no me equivoco, ni siquiera… esto… ni esto, al pensar que Virgilio se me está metamorfoseando en el limbo magmático y está impregnándose, consiguientemente, de las distintas formas y singularidades que su fondo atesora: literarias, gansteriles, epicúreas, sensatas, imprudentes, metafísicas y místicas, por citar de nuevo. En la referida ocasión el muy malaje se me puso picaruelo a la par que almidonado. Que me lo pregunten a mí que a causa de ello quedeme tan de piedra como el claustro de Santo Domingo de Silos, con el permiso de don Gerardo (el del hiperbólico “chorro que a las estrellas casi alcanza / devanado a sí mismo en loco empeño”).

Dejo aquí, para la estupefacta posteridad, algunos retazos de su elocuente y singular, si escueta, versación: “Pues sepa vuestra merced que gato soy y Virgilio me llaman y nací no junto al río Darro ni aún menos junto al Guadalfeo sino del seno de mi santa madre gata en casa de posibles, ¡vive Dios!”. Lo de flipar es poco comparado con lo que en aquel preciso instante sentí como latigazo de asombro: ¡Virgilio manifestándoseme en tono epistolar, al estilo de un Lázaro redivivo y transferido desde la ciudad de Salamanca y el siglo XVI a este tiempo colmado de inmundicias y a este enclave africano de mis diarios desvelos! ¿Qué habrá querido comunicarme el gato escurridizo? ¿Que ha vuelto como el PSOE para barrer toda la basura que se ha venido acumulando durante los dos últimos años en las sentinas del reino? ¿Y la de antes de que cogieran las riendas del caballo cojo los impostores de la Cosa Nostra, quién la limpia, o dónde fue a parar? El PSOE ha vuelto y todos nos sentimos, más que pletóricos, exultantes, que viene a ser lo mismo. ¡Por fin una bocanada de aire fresco para nuestros sofocados pulmones! ¡Ya era hora, vive de nuevo Dios! Tras la adversidad, la fortuna. ¿Habló en clave, Virgilio? ¿Él ha sido el primero en ver la luz al final del agujero de gusano en que nos hemos metido por nuestra inconsciente cabeza? ¿Acabaremos todos de pregoneros de vino en la ciudad de Toledo? Pero… entonces… ¿quién cavará las viñas? Y el morapio, ¿quién se lo beberá? ¿Los de siempre? ¿Y quiénes son los de siempre: los de hoy? ¿Los de antes? ¡Ufff! ¡Cuánta trabajaera me da este Virgilio de los congojos! ¡Tengo la ídem hecha un auténtico lío! Por más vueltas y revueltas que le doy a la cabeza nada entiendo del sentido último y de la intencionalidad de sus palabras… ¡Virgilio, Virgilioooo!, ¿por qué me has abandonado? ¿Dimitirá Wert? ¿Lo hará antes la Botella? ¿El Ministro de Industria, Energía y Turismo es un clon de Aznar? ¿Lo es Aznar del supradicho? ¿Quién es quién en este circo de lo grotesco? Lo que digo: aquí la única que lo tiene claro es nuestra amantísima consorte Constanza. Por la gloria de mi mare, que diría el inefable.

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 53: PUÑALÁ TRAPERA por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 53: PUÑALÁ TRAPERA por Miguel Ávila Cabezas

            De las muchas que llevan dando a diestro y a siniestro sin que les tiemble la mano con que las asestan (como a Él, cuando habitaba entre nosotros, a la hora de firmar sus sentencias de muerte) la última puñalá trapera de la Cosa es la retirada de las becas Erasmus con el curso ya empezado y la excusa (falsa, como el resto de todas las demás) de que hay que ser generosos con quien menos tiene y quitarle todo a quien quiere algo... o menos da… o yo no sé ya la hora que es donde lo blanco es negro, Shakespeare es “el Pichas” al lado de la mejor alcaldesa que en la capital del Reino alabeado vieron los siglos y lo que mengua en realidad no es que mengüe sino que crece y crece y crece sin parar hasta alcanzar el aire todo. El problema siempre son los otros, los, por su gusto, desahuciados del sistema, esos que ven la situación como en los espejos cóncavos del callejón del Gato tras los que Virgilio se solaza últimamente pasando de tirios y troyanos.

El otoño es primavera en el Corte de Mangas que nos hacen todos los días (“pos no me fueras votao”) y la presunta filicida imparte clases de estilo con su dichosa cartita enviada a Tele5 desde la prisión de Teixeiro y diseccionada hasta su último, si frío, aliento por expertas grafólogas, mejores toxicólogos (ponga un toxicólogo en su programa favorito), comisarios de policía (el más templado de todos), jueces para la democracia, periodistas of course y demócratas de toda la vida, entre los que habría que destacar, sin duda alguna, a los preclaros de la opinión pública de este país nuestro de cada día Fernando Ónega y Pedro J. Ramírez. (Sí, Virgilio, el del body y la Exuperancia). (O… o… ¿o es al revés?). Mis neuronas no dan abasto. Estoy que no aguanto más y encima, para colmo de males, a Antonio, el de Alhama, le dieron el finiquito en “Saber y ganar” el jueves pasado. Menos mal que el dios de la sobremesa aprieta pero no ahoga y nos ha enviado a otro Manu, matemático él, que dispuesto está a llevarse hasta el último céntimo de la banca del programa de mis entretelas. De Virgilio para qué voy a hablar. No pasa un día sin que lo emplace para que salga de mi subconsciente, se acomode en el sofá de terciopelo rojo y diga lo que tenga que decir, si es que algo tiene que decir, digo yo. Porque, la verdad, nadie le ha hecho nada que yo sepa; siempre se le ha respetado incluso hasta el punto odorífero de sus canoros eufemismos lentejeros y su desapego cada vez más creciente de mi humana compañía.

Pero como no hay dos sin tres ni tres sin dos, y a ti te encontré en Pedralbes, nuestro incomprendido ministro de, como diría el otro, “Educachón y Chencha” ha dado marcha atrás y héteme aquí, Jesusito mío, que donde dije hace unas horas digo en este preciso instante digo Diego por aquello del qué dirán y de lo que en verdad dicen sus conmilitones de la joven, y vieja, guardia triunfadora. Que tranquilos, que hay Erasmus hasta para echarle de comer a los marranos. No sé si me explico o es que ya tengo la ídem hecha un lío y el reloj de pulsera se me cayó al Yang Tse Kiang la última vez que pasé por allí. Quien vaya a buscarlo, si lo encuentra, que me diga qué hora marca. ¿Irás acaso tú, gato osado? ¿O seguirás ausente en el limbo de los justos una eternidad más? ¡Baja a la tierra, o sube a ella, y da la cara, fiera corrupia, si es que tienech lo que hay que tener y lo que Dioch manda! ¡Carallo!, ¿qué me está pachando?; tal paresce que m’eschtuviera morfocheando en Registrador de la Propiedad. No será Virgilio el autor de chemejante entuerto neuronal… Tengo la chinaaapchis hecha unos chorros y como chiga la cocha achí me acabaré prechentando a las elechiones para ocupar el cargo de prechidente de la comunidad de vechinos del Revellín. Por algo hay que empezar. Otros, menos listos y con abuela, llegaron más alto. Este Virgilio está jugando conmigo al ratón y al gato. He caído nuevamente en su trampa. No soy más tonto porque no me entreno. ¡Virgiliooooo! ¡Da la cara!

-         Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

-         ¡Virgilio, no te pongas ahí abajo valleinclanesco!

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 52: ¿Y AHORA QUÉ? por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 52: ¿Y AHORA QUÉ? por Miguel Ávila Cabezas

Desde que el otro día se me manifestara Virgilio en toda su plenitud fatalista y canalla me debato, como el otro que dice, en un sinvivir permanente, en una suerte de estar sin estar en mí como le ocurriera a aquella Santa Teresa de Ávila y Jesús que a Dios veía sistemáticamente en los pucheros. (A saber con qué mezclaría la del brazo incorrupto el colacao de después de los maitines). Yo, sin ánimo de querer parecer original, lo veo, a Dios digo, en el ibérico de bellota maridado con un ribera del Duero de los que, por qué no decirlo, quitan er zentío.

Aunque estoy a régimen y a mi lado una sílfide es la reinona de las rumiantes, un homenaje de vez en cuando no me lo quita ni el complejo de culpa ni la paranoica visión de un futuro dominado por el colesterol y el azúcar tan alto tan alto tan alto como la lunanana. Obviamente, y siguiendo con lo de Virgilio, ya ni me atrevo a abrir la boca para decir que esa ídem es mía y que ella me pertenece por puro derecho consuetudinario muy a pesar de la filípica virgiliana. Dios mío, ¿y yo qué he hecho para merecer esto? Diré para mi consuelo que a veces me asalta la duda sobre la verdadera identidad de quien anteayer mismo me habló desde las profundidades de mi subconsciente ¿Fue en verdad Virgilio el que me lanzó sus dardos envenenados o más bien lo fue ese yo dividido que todos llevamos dentro y que en mi pesadumbre por tan larga ausencia oyó la voz (su voz) mintiéndose a sí mismo y, por ende, al millón de lectores que regularmente me siguen en este medio? Mi ego reencarnado en gato. No es de extrañar. El gato mudado en mí. Aún menos. (“Yo soy tú y tú eres yo…”: mi alter ego).

Los elementos del binomio son más que evidentes: como en la fábula del cuervo y la zorra, la historia del cazador cazado, la del regador regado o bien la del arrendador arrendatario, por citar. Y si no que se lo pregunten a nuestros entrañables (y ya miembros de pleno derecho de la doliente familia hispana) Iñaki y Cristina, que tanto montan, montan tanto y al final acabarán siendo… montados por la implacable maquinaria del… enjuague. Como a los dos interfectos no le cuadraban las cuentas, lo mismo que al supermagnífico Antonio en “La calculadora” (“Uno más uno” (…) “Tres”), pues decidieron, el hoy muerto viviente y la ayer consorte ignorante, alquilarse a sí mismos el coqueto palacete de Pedralbes. Nada nuevo bajo el sol imperial de la mentira.

Las cosas como Dios manda y España siempre es una en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la alegría y en la tristeza, todos los días de nuestra vida y hasta que la muerte nos separe amén. Yo te me alquilo y tú te me pagas: un nuevo concepto de arrendamiento cunero. ¡Genial! Un bucle financiero por mera falta de liquidez. Mañana mismo me realquilo yo al doble de lo que pago el piso de la casa modernista y me sale…, déjame que eche las cuentas, lo comío por lo servío. “Fifti-fifti”, que diría el doctor en la lengua del Chespi ese. Si es que me lo ponen a güevo. ¿Cómo voy a poder resistirme al comentario constructivo y pedagógico? Un día por una cosa, y el otro por la otra, me ofrecen en bandeja de plata mil y un motivos (estos y los de más allá, que conste) para explayarme en la reflexión metastásica y follonera del patio de Monipodio en que han convertido este país. Aprovecho que Virgilio se encuentra sumido en la fase REM de su sueño cazador (de vez en vez alza una pata como queriendo atrapar cualquier incauto pajarillo perdido en la inmensa jaula de mi subconsciente) para decir lo que digo, aunque sea tan sólo a mí mismo y a quien me lee, que sois legión y no precisamente el Virgilio de mis anímicos quebrantos. ¡Ay, si Unamuno levantara la cabeza! ¿Qué le dolería? ¿España? ¿Y en qué parte del organismo se localiza exactamente España? ¿En la garganta, en el hígado, en la hipófisis, en el colodrillo, en el corazón? ¿Más abajo tal vez? Tengo para mí que algunos hay por estos pagos que tienen alojada España, nuestra querida España, en el quinto espacio intercostal, el cual, según parece, es el punto anatómico más próximo a la cartera.

-         ¡¡¡Fiuuuuuuuuuuuuu!!!

(¡Coño, Virgilio se ha vuelto a despertar!).

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. -DIA 51: VIRGILIO SE MANIFIESTA por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. -DIA 51: VIRGILIO SE MANIFIESTA por Miguel Ávila Cabezas

Por fin hoy ha hablado Virgilio. Lo ha hecho durante la fase candeMOR del sueño mientras yo estaba trasteando por la región anterior del hipotálamo en el momento, sagrado, de la siesta. (Ya lo dijo quien lo dijo: “El que no duerme la siesta es que ni es español ni es ná”). No es que yo lo haga a la manera aquella del centurión de las letras hispanas, con pijama, padrenuestro y orinal (vulgo “escupidera”), no, lo juro por lo más grande. La mía es una siesta de distancia corta, aunque densa y consistente, como la salsa putanesca, con sus ajos, su aceite y sus aceitunas deshuesadas, o la que siempre ha de adornar, in-de-fec-ti-ble-men-te, unos capelleti al burro, que no al micio. Bueno, a lo que iba, sí, que se me ha aparecido Virgilio y me ha hablado de la siguiente guisa. (No cambio ni una coma de su parlamento. Me lo sé tan de memoria porque lo considero mío, como si él lo hubiese extraído del bulbo de mis entretelas subliminales. Pues, a fin de cuentas, ¿quién es quién en esta lucha sin cuartel de la supervivencia?):

“Muchacho, o lo que ahora seas, llevas un tiempo dándome la vara con tus desasosiegos. ¿A qué viene tanto: “Virgilio, ¿dónde estás? ¿A dónde te has ido, Virgilio? Virgilio, que te dejo como no vuelvas. Que te cambio por el Jaro. Que me tiro por el tajo Pollero como no regreses…”. Eres un chantajista emocional de dos pares de cojones. Y te lo digo con todas las letras: “de dos pares de cojones”. Y un iluso hiperestésico y mijicas. ¿No sabes que nunca me fui porque siempre he estado dentro de ti? Yo soy tú y tú eres yo, aunque me consta que el más tonto de los dos eres tú, y por partida doble: por ser tú y por lo engreído que te muestras cuando abres la boca bilabial y parlanchina si en el sofá de terciopelo rojo te da por hablarme de política o de temas… ¿cómo decís los humanos?... ¿sociales? Eres un bocazas de mucho cuidado. Tú dale que te pego a la sinhueso y yo venga a aguantar tus mil y una digresiones. ¿Qué me puede interesar a mí, dime, que, según tú, el Rajoy de marras sea el más tonto de la clase y por eso lo han elegido, por aclamación, delegado de curso? Dame lentejas trituradas o un pajarillo al vuelo, que yo entonces sí te voy a demostrar lo que son las disertaciones gatunas. Y además, el enganche que tienes con el programa ese de la 2 no es que clame al cielo es que es, como mínimo, de juzgado de guardia o de celda de aislamiento en Soto del Real, donde pasa unas piadosas vacaciones tu informante coleguita, el de los sobres dados por lo bajini a las trescientas mil cospedales que jalonan el territorio patrio. (¿Ves como yo soy tú? Por más que lo intento, no me puedo desprender de esa tu prepotencia discursiva… y farragosa. Y conste que a mí los paréntesis me la traen al pairo). Eres tan inasequible al desaliento e impasible el alemán (ja, ja y ja) que no pasa un día, así se hunda Ceuta entera, desde el Monte Hacho hasta el Tarajal, ida y vuelta, sin que a la misma hora (la de mi siesta, por cierto) enciendas tu televisión de 50 euros (¿a quién coño le puede interesar que hayas comprado en REMAR un televisor de 50 euros; a tus incondicionales lectores? ¡anda ya!) y te pongas a ver el programa, soporífero donde los haya, de tu pasmoso e hiperactivo Jordi Hurtado. ¿Un regulador biológico “Saber y ganar”? Permíteme que te lo diga también con todas las letras y sin que me tiemblen los belfos del hocico gatuno: “Una mierda pinchá en un palo”. Eso es lo que es tu programa favorito, el del cafelito y el cigarrito después de la comidita de régimen y “Cada sabio con su tema”. Menudo tema el tuyo. Donde se pongan “Bonanza”, “Los Chiripitifláuticos”, Perry Mánzon o, ya que hablamos de programas-concurso, “Cesta y puntos” que se quiten tus magníficos de Palafrugell y Alhama y, aún más, el invisible de Juanjo Cardenal (¿no será tu Juanjo el tío Aquiles recalificado en los estudios de San Cugat del Vallés?). En fin, que me tenías más que harto con tus majaderías de sobremesa y por eso decidí un día perderme de vista, aunque nunca me marché de tu lado, estando como siempre he estado en este sofá de terciopelo rojo que se han de comer la polilla y el tiempo insaciables. Que sepas que yo no estoy hecho de tu pasta (yo soy tu antipasta: mortadela, salami y pepperoni, a elegir) y a mí nunca me vas a hacer cómplice de tus maldicientes chismorreos. A partir de ahora seré yo quien, hablando de pasta, parta y reparta el bacalao dialéctico. Ya lo sabes. Y que no se te olvide todo lo que te he dicho cuando regreses al mundo de los tontos.”

Esto fue, sin una coma de más ni una de menos, lo que Virgilio me dijo en sueños. Cuando desperté, el Madrid había perdido 2 a 1 contra el Barça de sus eternas pesadillas. (¡Ancelotti tienes las horas contadas!). Seguía siendo sábado y caía una lluvia gris y taciturna. ¿Fue, quizás, todo ello conjurado un aviso de lo que habrá de venir? En verdad en verdad os digo que los caminos del sofá son inescrutables. (Como los del Señor Gato, sí).

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CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 50: COMO EN UN CHISTE DE GILA por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 50: COMO EN UN CHISTE DE GILA por Miguel Ávila Cabezas

¡Vaya hartera de vida, Virgilio! ¡Vaya hartera! Te pones a pensar de qué va el asunto este de vivir y ganas te entran de arrojar por el balcón de la casa modernista, o meterle candela sin más, y sin paréntesis, a los cuatro enseres y cinco mil libros que, cual rémora importuna, se te han ido pegando al alma a lo largo del tiempo, y a continuación, sin demora, más ganas te entran aun de hacerte a la mar procelosa como el Ulises aquel de Homero a ver si, en la movida, llega uno al país de los lotófagos y, a falta de jamón y vino tinto, nos atiborramos de las flores esas que conducen al reino del olvido y enganchan tanto, o más, que el de recebo o el de bellota, lo cual es un decir y un hablar por hablar con tal de que tú te decidas a hacerlo un día de estos.

Yo no sé si, perdido como te encuentras en el fondo del subconsciente, te llegan de aquí arriba noticias frescas o putrefactas, o si ya estás flotando para toda una eternidad en la indolencia del limbo de los gatos y es por ello por lo que de ti no se manifiesta señal alguna de vida, sea a guisa de irrebatible flatulencia lentejera o lo sea, por qué no, derivada de ese ronroneo monocorde y malafollá que tanto te caracterizaba cuando, en vida de lo real, me dirigía a ti con la sana intención de pegar la hebra en el sofá de terciopelo rojo.

Están locos. Estamos locos, Virgilio. A donde quiera que vayas, doquier te encuentres y mires por donde mires únicamente te topas con el despropósito, la mendacidad y el fanatismo que, como la insensatez y la necedad, vienen a constituirr una misma concreción semántica. Vete, si no, a Yemen, o a Afganistán, o a Siria, o a Bangladesh o… o… o a donde sea vete; incluso, sin ir más lejos, a donde los contenedores de todas las interminables tardes de nuestra existencia. En todos los sitios se cuecen a destajo las habas de la locura. ¡Ah!, y no se te pase por la sutil cabeza, siendo mujer o, en tu felino género, gata doméstica, llamar a tu novio por teléfono en el primero de los mencionados lugares, pues a buen seguro acabarías achicharrado por obra y gracia de un papá demente.

De lo de Siria, ya te digo, cada día se habla menos. Está claro que las guerras civiles, cuando se estancan en el toma y daca de las ofensivas y las contraofensivas, sin más bajas colaterales que las consideradas políticamente correctas, dejan de interesar a los peñafieles del telediario. ¿Para cuándo una intervención como Dios manda? Y hablando de “estar”. Sabrás que la Merkel está que echa ácido clorhídrico por sus ubres frisonas con lo del espionaje USA a su ehrlich móvil, y como la Merkel treinta y cinco jefes de estado más, incluido el nuestro que en esta ocasión sí parece haberse enterado de la movida pues hasta ha llegado a convocar al embajador James Costos, en cuyo apellido parece llevar la penitencia, para pedirle explicaciones sobre el porqué y el para qué de tan eNojoSA trama. ¿Te imaginas a los agentes de marras interceptando la siguiente conversación con la secretaria del prostíbulo-sado “El euro feliz”? (Ring ring ring)

-         MARIANO: ¿Está la madame?

-         (…)

-         Que che ponga.

-         (…)

-         ¿De parte de quién va a cher? De Mariano.

-         (Visiblemente molesto.) No, “el corto” no. El de la Moncloa.

-         (…)

-         ¿Quiere hablar más claro, por favor? Pareche que hay interferenchias.

-         (…)

-         ¿Cómo que che acaba de ir al chupermercado a comprar las cochas de la chena? ¿Pero no me acaba de dechir que estaba en chu despacho?

-         (…)

-         ¡Ah!, ¿ya no está? ¿Y cómo la localicho yo ahora?

-         (…)

-         ¡Chí, en echo estaba yo penchando: en ir ahora al chupermercado eche teniendo como tengo a los de la ANTILOMCHE ahí afuera gritando y gritando chin parar contra mi ministro de educachón y chenchia.

-         (…)

-         Ya… Bueno, ¿le quiere dechir que he llamado para que me dé número para la próchima chechón chadomachoquista?

-         (…)

-         Chí. Con ligueros y zapatos de tacón de aguja.

-         (…)

-         ¡No! ¡De Andújar no! ¡De a-gu-ja!

-         (…)

-         Pues echo. Que está la cocha mu chunga…

¿Te imaginas, Virgilio, las carcajajajadas de los de la NSA y, después, las del Obama al escuchar la “grabachón”? Según tengo entendido hasta el mismísimo Marte ha llegado su festivo eco (el de las carcajadas, con paréntechis) y así, a lo tonto a lo tonto, hasta se le han fundido los plomos al Curiosity de la NASA esa. Si es que tiene tela marinera que te pillen de marcha con las manos en la macha telefónica. Por cierto, o me das una señal o me paso al Jaro. El que avisa no es traidor, pecador.

VIRGILIO EN EL SOFÁ . DÍA 49: LAS CUENTAS CLARAS por Miguel Ávila Cabezas

VIRGILIO EN EL SOFÁ . DÍA 49: LAS CUENTAS CLARAS por Miguel Ávila Cabezas

Mientras la Cospedal transfiere un céntimo (sí, ¡un céntimo! “¿Otra vez con los paréntesis?”, me reprende Virgilio desde el más allá de quién sabe dónde) al municipio de La Solana por un quíteme usted de encima un “ajuste técnico por la liquidación de un programa” (¡cuán barato me lo fiáis, doña! Virgilio amenaza y yo prometo definitivo propósito de la enmienda: no más paréntesis, ¡vive Dios!), pierdo irremisiblemente el sentido de la realidad amodorrado como estoy, escurrido y finalmente sublimado en el alambique del sueño, en ese terrible instante en que Antonio de Alhama tropieza en la calculadora humana con sumas, restas, multiplicaciones y divisiones hasta perder por tan sólo unos segundos, dos o tres, no más, sin paréntesis alguno, los 200 puntos que llevaba en su segura faltriquera de concursante  magnífico, y pasan de… diez mil los euros amasados hasta el día de la fecha. ¿Qué me está sucediendo? ¿Será cosa de la edad esto de caer atrapado en las garras del sueño como quien se encontrase en el área de descanso durante el duelo, ¿qué duelo?, entre el de Alhama y el de Palafrugell... parece? ¿El de Palafrugell, en la Costa Brava? ¿Pero ese no concursó en el día 1 ó 2, que yo recuerde, hace ya más de un año? Tengo para mí que talmente estoy hecho un lío y que esta mi confusión no es otra cosa que producto de la edad. “Tampoco es para tanto”, parece decirme desde las profundidades del subconsciente, o de la memoria declarativa (ni un paréntesis más, perdón), que viene a ser lo mismo, este Virgilio alter ego cuyo ronroneo remedo con mis aliterativos ronquidos. ¡Vive Dios de nuevo! “El reto” y yo sin haberme enterado de quién ha conseguido llevarse la viruta de “La parte por el todo”. De seguro que habrá sido, una vez más, Antonio el de Alhama, que de unos tiempos a estas partes está que se sale acertando casi a la primera el quién es quién o qué es lo que es eso que se insinúa en el recuadro inferior del paraje de abajo, o de arriba, sin ir más lejos. En fin. Mañana habrá que ver en qué queda definitivamente el asunto del céntimo de euro, que tal y como están las cosas no es para rechazarlo, si algún imaginario día te lo devuelve nuestra eficiente administración o si me lo encuentro yo, en otro día de esos, a la altura del Revellín o el Paseo de las Palmeras.

Ya se sabe: un céntimo por aquí, otro céntimo por allí, este que estaba oculto en el bolsillo de la chaqueta, arrebujado junto a la bolita de alcanfor, o aquel que se le cayó al vecino cuando fue a sacar las llaves de su católico, apostólico y romano piso, aliados con el tiempo, la buena suerte y la perseverancia, hacen fortuna. Con ese invulnerable material se forjaron sin duda las más grandes, incluida la de Roca, que tanto honor en tiempos más gloriosos le hiciera a su apellido. Nuevamente el sabio refranero nos lo certifica: “Machacando, machacando, el herrero va afinando”. O bien: “Más vale pájaro en mano que una polla en la solapa”, que diría, en uno de sus característicos quiebros dialécticos, el bueno de Quisquete. Ya, ya, de acuerdo, Virgilio. ¿Pero qué quieres que te diga? Las palabras no se eligen, ellas vienen a ti y se posan en tus labios, o se alojan en tu estro, sin que tú o yo podamos hacer nada por eludirlas. Es, cómo decirlo, una cuestión de tipo genético. O aun más: un distintivo semántico que se tiene o no se tiene. Además, ya lo dijo quien lo dijo: “El que quiera entender que entienda”.

El caso es que desde que me quedo frito frente al televisor, con Antonio el de Alhama recogiendo sin tregua beneficios de aquende y de allende y garcía baxter, tal los céntimos extraviados, nada es como entonces era cuando nosotros dos -tú y yo- compartíamos ilusión, fe, esperanza y calidad de vida en el sofá de terciopelo rojo, hablando de nuestras cosas, comentando los eventos consuetudinarios que acontecían en la rúa, disfrutando a más no poder de los mil y un lances de los concursantes de “Saber y ganar” y extasiados, sí, ante la energía y el buen hacer de un Jordi Hurtado inmarcesible, como el gesto de la Cospedal cuando transfiere un céntimo de euro al municipio de La Solana o niega ante el señor juez y el ángel justiciero de los sobres sabrosones lo que la verdad de su mano derecha esconde. Es un decir. Por cierto, ¿para cuándo una señal tuya? ¿Te decidirás en algún momento a emerger de las profundidades del subconsciente o, en su defecto, de las de la memoria declarativa, sin paréntesis interpuestos? Seguimos a la espera, muchachote.

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 48: LA ROTONDA DE ALHENDÍN Y OTROS LÓPEZ por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 48: LA ROTONDA DE ALHENDÍN Y OTROS LÓPEZ por Miguel Ávila Cabezas

Añorado y pitancero Virgilio, para no variar, la canallesca está estos días que echa chispas por todas sus secciones. A lo de la rotonda de la avenida de Andalucía de Alhendín (¿que no te has enterado, que pasas, que el asunto te resbala por el lomo gris perla abajo? ¡Si el evento se comenta ya hasta en los mentideros del mismísimo Vladivostok!), con sus sonrientes 14 concejales (¿tantos concejales tiene la corporación de Alhendín? De seguro que los habrá de rotondas, y de pasos de cebra y de, si me apuras, de escaleras al cielo. Perdona los paréntesis. Ya no habrá más. Te lo juro por estas que son rotondas, digo redondas), se le suma, in hoc die, una más de la mano untuosa de Bárcenas quien desde la prisión de Soto del Real, maqueado como siempre lo fuera en vida de tesorero de la cosa nostra, impasible declara ante el juez: “Es mi mano la que da el sobre a Cospedal”. ¡Glub!, tengo para mí que a más de uno, y una, se le habrá atascado el cruasán de la mañana a la misma altura faringítica de donde salen concretas, sin pudor y sin duelo, las palabras de la mendacidad y la impostura.

La regla de tres está servida: “Si a una le corresponde uno, o unos cuantos, a unos cuantos les corresponden unos tantos, y del rey abajo, tal y como a ti te gusta decir de higos a brevas, “¡Inchidias!”. ¿Que el Ibex ha alcanzado la cota de los 10.000? Lo admito, aunque sigo sin entenderlo. ¿Que lo de Fagor es para fagorizarse aún más de lo que ya está el patio? También me cabrea, aunque lo entiendo de sobra. Pero lo que clama al cielo, por no decir a todos los universos paralelos de la mecánica cuántica que, por lo visto, son infinitos, es la última perla de la Botella que, tras lo del “relaxing cup of café” con leche ante el artero COI, está que se sale, desmelenada como aparece ante los medios de comunicación de las masas esas. “Nos hemos acostumbrado a un nivel alto de limpieza”. Sí, lo que te digo, eso es lo que ha afirmado la inefable, e impenetrable, Ana. Según tengo entendido, sus palabras, como últimamente viene siendo habitual, han sido sacadas de contexto y en realidad lo que ella quiso decir es que, tras el reciente fiasco del Madrid Olímpico, un café con leche en la Plaza Mayor de la Villa et Corte afortunadamente va a costar menos que, por ejemplo, un crucero organizado para profesores, alumnos, científicos en paro y másters of puppets en el reflotado Costa Concordia a los farallones del oeste de California, por citar.

En fin, menos mal que siempre les quedará Eurovegas, con sus lucecicas de colores, su “rien ne va plus” en la ruleta, sus balckes jackes, su póquer, sus maquinicas de monedas y su puterío fino, que “de tó tié que haber en el mundo”, según le dijo el torero a los Ortega y Gasset. Pero el mundo no empieza en Tarifa, o en El Hierro, según, ni tampoco acaba en los Pirineos. Mira Irán sin ir más lejos. Allí, también lo he leído en la prensa, cumplen la ley tan a rajatabla que si te ahorcan y tienes la desgracia de sobrevivir a la ejecución, te volverán a ahorcar hasta que acabes pagando tus deudas con la justicia.

Y si no que se lo pregunten a un tal Alireza, al que trincaron con las manos en la masa de un kilo de clorhidrato de metanfetamina y le cayó por ello, oye, la del pulpo, lo que viene a significar la condena a morir en la horca. Si ya lo dice nuestro sabio refranero que tiene salidas para todo: “A la fuerza ahorcan”. Pues allí, en Irán digo, ejecutan, nunca mejor dicho, el refrán al pie de sus 16 letras, múltiplo de 4 y hasta de 8, si fuere necesario.

No te voy a preguntar, Virgilio, qué opinas de todo esto porque no estás y, aunque estuvieses, todo te resbalaría por ese lomo gris perla que, con el implacable paso del tiempo, acabará transformándose en polvo de estrellas, hoy de ausencia. Algunos, nostálgicos ellos, dirán que eso con Franco no hubiera pasado. Que con Franco se ejecutaba como Dios manda. Y no se salvaba ni el mismísimo Lázaro del “Levántate y anda”… Anda… di algo donde quiera que te encuentres… Me duele el alma, Virgilio. ¿Dónde estás? ¿A dónde te has ido? ¿Y qué será de mí sin ti? Necesito una señal tuya. Es urgente. Es cuestión de vida o muerte.

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 47: EL RELOJ DE LA VIDA por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 47: EL RELOJ DE LA VIDA por Miguel Ávila Cabezas

“Saber y ganar” es para mí, Virgilio, un regulador biológico de primer orden, como el rezo del Ángelus o el café de la mañana, por citar. No pasa un día, ya caigan chuzos de punta sobre nuestro sofá de terciopelo rojo o se desplome el Ibex hasta el rebalaje acementado de nuestras costas, en que a la hora concertada yo no me siente frente al televisor comprado por 50 euros en REMAR y me disponga al acto sublime de seguir tan atentamente las evoluciones de los “tres sabios” en torno a sus respectivos temas, a las preguntas calientes, frente al duelo y, de un tiempo cercano a estas partes, con el comodín en la faltriquera, que tan buenos dividendos les ha dado a estos y a aquellos en los momentos de confusión y quebranto.

Hay a quienes se le atascan los números más que al tal caballero de los Montes Recalificables y a otros (un día sí y al siguiente acaso) el reto los empuja al borde del precipicio, aunque la comida se encuentre a medio digerir o el café subsiguiente esté ya más frío que tu mirada, abstraído, meditabundo, ausente y sinonímico, perdida sin remedio (tu mirada) en la inmensidad del universo gatuno. Hace ya tanto tiempo que tú y yo no departimos cual corresponde que he perdido la cuenta de los días pasados entre el silencio y la… ¿desgana? ¿Qué nos ha ocurrido Virgilio para haber llegado a este punto de no retorno, qué cataclismo se ha precipitado tan de improviso sobre nuestras aureoladas cabezas para que desde el 21 de marzo equinoccial ninguno de los dos haya ni siquiera abierto la boca con el propósito de esbozar el bostezo acostumbrado? Y desde aquellos idus idos a aqueste Postridie Idibus Octobribus han pasado muchas cosas como tú bien sabes, aunque quieras tú darnos a entender que ya todo te resbala como el aceite de la desesperación ajena a ciertos padres (y madres) de la reverdecida patria.

Los botánicos de la cosa nostra no paran de jurar y perjurar que en lontananza se divisan ciertos brotes verdes; otros afirman, sin que se les caigan las gafas (o las orejas) al parqué del hemiciclo, que los sueldos no bajan sino que experimentan una moderada subida, aquellos se mesan los rimados cabellos de salva sean sus partes cuando las tres activistas de FEMEN, desde la tribuna de invitados, protestan contra la reforma trentina de Gallardón, y con el busto al aire, como la libertad que insiste y persiste, aún, en guiar al pueblo a la promisoria revolución que nunca llega. (¡El aborto es sagrado!, sí, como el derecho a vivir dignamente en un país de corruptos, yolis, chochonas, vigilantes de la playa, cocainómanos de andar por los platós televisivos y bribones consentidos, otra vez por citar).

¡Ah!, por cierto, para tu conocimiento y efectos correspondientes en la parte alícuota que te afecte, te comunico que los estorninos han regresado a la Plaza de la Trinidad, muy probablemente con un contrato temporal de trabajo en condiciones  harto leoninas: nada de cagar, nada de piar y nada de soñar con horas extras remuneradas.

Las comunidades escolares están que se suben por las paredes descascarilladas de las aulas con lo de la LOMCE y el cráneo previlegiado que la parió. ¡Eso sí, la prima de riesgo está al mismo nivel que la de Italia y el Ibex, hoy, está que se sale por la escala de los 10.000! Hubo incluso un tiempo (creo que fue en agosto) en que se llegaron a crear treintaiún (31) puestos de trabajo, así como te lo digo y la esperanza entonces brilló en el cielo encapotado de los seis millones de parados que quedaban, hecha la resta pertinente.

Vuelve La Voz (¿o es que alguna vez se fue?) y las sentencias del caso Malaya evidencian, de nuevo, que la justicia es tan verdad y tan mentira como el aforístico cristal de Don Ramón de Campoamor y Campoosorio. Perdimos la Copa Federación, pero recuperamos la rodilla de Nadal que, como brazo incorrupto de Santa Teresa, reluce en el imaginario de todos los españoles de pro, incluidos los catalanes antiindependentistas.

Aquí finco, Virgilio. Si me quieres escribir, ya sabes mi paradero: en el sofá de terciopelo rojo, frente al televisor de 50 euros comprado en REMAR e inasequible al desaliento con “Saber y ganar”, un regulador biológico de primer orden. Queda dicho. El que avisa no es traidor.

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 46. "CUANDO LAS BARBAS DE TU VECINO…"por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 46. "CUANDO LAS BARBAS DE TU VECINO…"por Miguel Ávila Cabezas

Está el mundo que no para, Virgilio; vamos, que echa chispas por sus cuatro puntos cardinales la mar de maltrechos. Se mire por donde se mire y se vaya a donde se vaya (incluidos en el lote viajero nosotros dos, que no salimos del rectángulo de terciopelo rojo más que para llamar a nuestro primo, común, de Baena, tú a tu terrario y yo al mío, alicatado hasta el techo de azulejos color blanco sucio) lo único que se descubre, digo, es un  despropósito detrás de otro, y así hasta llegar a la luna de los cristales rotos y los espejos cóncavos. La última, ya sabes, la de Chipre.

Hasta anteayer mismo de Chipre sabíamos tan sólo que su capital es Nicosia y recordábamos muy livianamente algún que otro apunte más sobre su partición en 1974 (adiós enosis) tras la ocupación por Turquía de su parte norte. No es que esta isla del suroeste asiático, aunque miembro de la Unión Europea, me quite así porque sí el sueño, no, no es eso, sino que como bien sabes por la prensa escrita, la radio y la televisión universales a la misma ha llegado la mano ominosa e implacable del corralito, disfrazado arteramente de “rescate”. “Se meten con nosotros por ser pequeños”, dicen los chipriotas con más razón que el santo Manuel; y auguran: “Ya nadie en Europa va a sentir que su dinero está seguro”. No me negarás, por consiguiente, que lo de esta pequeña república isleña, con su yo territorial dividido, de no más de un millón y pico corto de habitantes, y con esta “quita” descarada y decretada por vía de urgencia por la germana impasible y la luenga francesa, es un aviso para navegantes que aún reman en el proceloso mar de la desesperanza. Es decir, c’est à dire, das heißt , que en Bruselas ya están preparando la vaselina para lubricarnos salva sea la parte y así poder entrar a saco donde y como corresponde. A fin de cuentas, Virgilio, como siempre ellos han hecho, con el auxilio si fuere preciso, que a buen seguro lo será, de sus mamporreros, esto es de los hombres azules de la porra.  Y si no, al tiempo, caro mío. Que el que avisa no es traidor. ¡Ah!, y lo del dinero de los rusos es otro cantar cuya melodía entonan solamente ellos (ellos y ellos, insisto) a través del teléfono verde paso franco todoparanosotrosperosinelpueblo y echamos hostias de quinientos euros hacia Moscú. La enésima estrategia de la confusión. La mentira infinita, como sacada de un relato de Cortázar. La verdad sospechosa, con la Comisión Europea encarnando al mentiroso compulsivo de Don García y sus crónicas marcianas. Puro suspense. Auténtica literatura… de terror. Elecciones y deyecciones a la vuelta de la esquina. ¿Qué te parece? Habla. Te escuchamos.

-          (…)

-          No. Los contenedores creo que de momento no los tocan. Pero no te fíes porque tarde o temprano acabarán también metiéndoles mano.

-          (…)

-          Pues habrá que ir a rebuscar a otro sitio. No sé, a las catacumbas del olvido, se me ocurre en este instante.

-          (…)

-          No digas eso. El refranero español es sabio y mudable. Lo de la abuela es…, cómo decirte, un cruce hiperbólico. Y lo de las barbas del vecino una advertencia para salir corriendo.

-          (…)

-          ¿Ángela Merkel? ¿Ese es tu análisis, felino de Dios? Ángela Merkel… Bueno… ahora que lo dices puede que tengas razón, aunque ella es, como el resto, una mandada.

-          (…)

-          Sí, incluidas la tal Cospedal, la aquí te pillo aquí te Ana Mato y la otra, la coronela.

-          (…)

-          Vete tú a saber quién tiene en verdad los dineros. Los de Amancio Ortega son pura calderilla.

-          (…)

-          Ese no pasó de registrador de la propiedad por muchas ínfulas torpes que se dé en público y, aún menos, en privado.

-          (…)

-          Tú lo has dicho: una marioneta bailando sin fin en la cuerda del gran capital. Hoy has hablado claro, ¿eh, perillán?

DÍA 45. CON VIRGILIO EN EL SOFÁ: "LOS VALIENTES DE DIWANIYA" por Miguel Ávila Cabezas

DÍA 45. CON VIRGILIO EN EL SOFÁ: "LOS VALIENTES DE DIWANIYA" por Miguel Ávila Cabezas

Virgilio, si como reza el tango “veinte años no es nada”, diez son una eternidad, pero hasta la misma eternidad se repliega sobre sí misma y nos regala, una década después, el vídeo de ese grupo de aguerridos soldados españoles que en la base del ejército (español, por supuesto) en Diwaniya, Irak, entran en una celda y patean con denodado afán dos bultos que tienen todas las trazas de pertenecer algo así como a sendos prisioneros, digamos que cierto, si desenfocado, aspecto de humano, uno de los cuales muy probablemente abandonaría este mundo gracias a la viril contundencia de los golpes propinados por aquellos cinco, que no eran precisamente los de Enid Blyton . (¡Jo!, a este se lo han cargado ya”, exclama uno de ellos, quizás el más analítico y observador de los comparecientes en tan estrecho lugar).

Esta es la noticia que nos llega con el retraso de diez años de mentiras y despropósitos concernientes a aquellos polvos bélicos hisopeados por un tonto con tupé sobre las cabezas de unos cuarenta millones de españoles, unos más atónitos que otros.

Me siento frente al ordenador después de haberme reconciliado con el día y la noche tras mi habitual desayuno de café con leche, tostadas con tomate y zumo de naranja hecho en el momento, abro la prensa del día (como quien abre sin remisión la puerta del escepticismo) y se me revuelven las tripas al ver la noticia en primera página y comprobar, una vez más, que no tenemos remedio por mucho que nos empeñemos en mirar hacia otro lado. ¿Que es preciso hacer un ajuste de cuentas con el pasado? Eso nadie debería discutirlo.

Si abrimos los cajones de la cómoda y rebuscamos bien en su doble fondo, descubriremos allí los guantes ensangrentados del asesino, como metáfora chocante de lo que nunca tuvo que haber pasado y una de cuyas consecuencias más inmediatas fueron las ciento noventa y cuatro víctimas inocentes de los atentados de Atocha un aciago 11 de marzo de hace ya una década, diez años a lo largo de los cuales han sucedido tantas cosas y se han vertido tantas infamias y tanta porquería sobre nuestra dignidad pateada de buena gente, Virgilio, de buena gente. Y encima vienen con el cuento que tú sabes (…) …¡sí, con el de la crisis!, y nos quitan la magra cartera con una impunidad y desvergüenza que claman a ese cielo que nunca nos oye, como a Don Juan Tenorio, aunque la comparación pueda ser, aquí, un tanto improcedente, dada la condición de niño-pijo, pollaboba con trastornos delirantes y homosexualidad no asumida (Marañón dixit) que exhibía el personaje de Zorrilla, y antes, en menor longitud de simpleza y chichinabo, de Tirso de Molina y Molière, por citar. No me digas lo que te parece todo esto porque, como diría el otro, “te veo de venir”.

-          (…)

-          Ya, pero no me negarás que últimamente estás muy cáustico, por no decir agraz e intempestivo.

-          (…)

-          Uno que tiene estudios.

-          (…)

-          Pues para mucho. Reconócelo. Sin ir más lejos, para hablarte con la precisión literaria con que lo hago. Sin perder nunca el sentido del humor y sin que tampoco se agote la llama de la indignación y la protesta… según corresponda.

-          (…)

-          No. Cuando yo estudiaba no se llevaba eso del botellón. Había más bien tabernas o bares profundos como el “Bimbela”, la de “Enrique, el Elefante”, el “Natalio”, del pálido y manises de tapa. ¡Ah!, y el “Enguix”, que lo regentaban dos hermanos tan iguales que eran absolutamente distintos uno del otro, y granaínos ellos dónde los hubiere.

-          (…)

-          ¿Veinte mil? ¡Vaya estropicio!

-          (…)

-          “Botellódromo”. ¡Qué palabra más fea y dipsomaníaca!

-          (…)

-          “La pulsión invocante”, que diría Lacan.

-          (…)

-          Eso. “El sexo reprimido.”. Tú lo acabas de decir, gato psicoanalítico.

DÍA 44. CON VIRGILIO EN EL SOFÁ: "A GALOPAR, A GALOPAR…" por Miguel Ávila Cabezas

DÍA 44. CON VIRGILIO EN EL SOFÁ: "A GALOPAR, A GALOPAR…" por Miguel Ávila Cabezas

¡A galopar, / a galopar, / hasta enterrarlos en el mar!   (Rafael Alberti)  

Virgilio y yo hemos estado hibernando estos últimos días de frío, lluvia y revelación y cuando lo hacemos no nos dirigimos la palabra ni para decirnos “ojos bonicos tienes”, y con qué sentido, si entre nosotros todo está dicho y redicho, y “Saber y ganar” ha entrado en una fase que podríamos definir como de “calma chicha” o de “tensa espera” a la llegada de un auténtico magnífico que se resiste como la otra caterva de gatos panza arriba, con hábito morado por aquello de que se aproxima, salvífica, la Semana Santa. Entretanto, Benedicto XVI se marchó definitivamente de rezos y sopitas teológicas a Castelgandolfo y el solio vacante lo ha venido a ocupar un argentino al que se le culpa no propiamente de ser argentino sino de haber tenido en tiempo y lugar más infames más sus más más que sus menos menos con la Junta Militar del país que lo vio nacer hace ya setenta y seis años.

Ciertamente alguien podría pensar que, por el apellido, Bergoglio, más que argentino en realidad pudiera tratarse de un italiano tránsfuga, quizás originario de Ragusa o Caltanissetta, si no de Palermo o Catania, en la Sicilia de siempre. Provenga de donde provenga da lo mismo pues el tal Bergoglio, pasando del negro al blanco, ha arrumbado al Bergoglio (de nombre Jorge) para devenir, por obra y gracia del Espíritu Santo, en Francisco a secas, sin número romano, no vaya a ser que algún despistado lo pueda confundir con aquel Francisco I, quien fuera rey de las dos Sicilias entre los años de 1825 y 1830, o con el otro, el gabacho libertino y tolerante al que en Pavía se las dimos del derecho y del revés.

Lo que yo te diga, Virgilio, todo encaja a la perfección y la teoría del caos es más cierta que la crisis que eternamente nos habita y la madre desnaturalizada de aquellos cuantos y tantos que en mala hora la parieron.

El caso es que en el arranque de su pontificado el nuevo papa ha pedido a los ciento catorce cardenales electores que tengan “el coraje de caminar”. Y no me negarás, Virgilio, que el caminar siempre ha estado muy bien considerado porque el hacerlo de manera regular mejora nuestra salud tanto física como mental, rebajando los niveles de azúcar y colesterol en la sangre.

No te quepa la menor duda de que el inmovilismo es malo y eso de sobra lo reconoce el primer papa jesuita que asimismo  exhorta a que “la iglesia pierda peso” (no me extraña) para así poder liberarse de las tensiones emocionales y musculares que desde tiempos remotos tanto le aquejan. ¿Una Iglesia diabética? ¡Ni hablar! ¿Y esclerótica? ¡Aún menos! ¿Fondona? ¡A qué pensarlo! Una Iglesia dinámica, esdrújula, ecuménica y atlética es lo que quiere nuestro Papa Francisco (Papa Paco para los íntimos), una Iglesia que se eche al campo (o a la Plaza de San Pedro, en su defecto), se ponga a darle caña a las articulaciones (¡hip hop hep aro!) y se deje de pollas... o de efebos… en su caso. Dicho sea lo de las pollas en el sentido más granaíno del término, que tú me conoces. ¿Qué opinas? ¿Crees tú que este nuevo Papa nos traerá la tan anhelada renovación eclesial y, por ende, el final de la dichosa crisis? (¡Queremos jamón! ¡Mantecaos pá tós!).

-    (…)

-          ¿Sudar? ¿A ti qué te va a sudar si no mueves tu orondo cuerpo ni para ir a ver qué hay de nuevo en lo de los contenedores?

-          (…)

-   No me lleves al huerto. Te conformas con tu pienso para gatos esterilizados y con tendencia al sobrepeso y no se hable más. Por cierto, y cambiando de tema, ¿se sabe algo sobre qué se fizo del rubicundo ser?

-    (¿??)

-    Efectivamente.

-   (…)

-   Estará el otro que se sube por las paredes.

-  (…)

-  ¿Que no puede por lo de la operación?

-   (…)

-  ¿Y a dónde se ha ido a vivir ella?

-  (…)

- ¿Otra vez con lo de sudar? ¡Mira que eres malafollá! ¡Ni que pertenecieras a la estirpe de la estanquera de la calle Puentezuelas!

DIA 43. CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. "VENI, VEDI, VICI" por Miguel Ávila Cabezas

DIA 43. CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. "VENI, VEDI, VICI" por Miguel Ávila Cabezas

“No he cumplido con mis promesas electorales pero al menos tengo la sensación de que he cumplido con mi deber. (…) Todo lo que estamos haciendo es sentar las bases de cara al futuro.” (Mariano Rajoy).

Vienen, llegan, pronuncian la frase para la Historia Universal de la Infame Democracia, dicen que han vencido, miran sin ver y se quedan tan panchos, por completo indiferentes a lo que pueda pensar (o sentir) el pueblo llano, la, para ellos, vil chusma, parte esperanzada de la cual le entregó su confianza (y su culo) tal día como hoy y como siempre. Y no se les cae la cara de vergüenza, ni siquiera un pelo de su rala barba se les cae cuando dicen eso frente a una periodista atónita. No se les desprende nada de su corrompido organismo por dos motivos fundamentales: por la mucha jeta que se gastan y por la absoluta y contrastada carencia de ese referido sentimiento que, en su primera acepción, nuestro diccionario define como “Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena.”. Mienten más que hablan. Y se creen investidos de la razón que les imprime el poder de su terrible incompetencia. Son el hazmerreír del universo y el hazmellorar de España. Y no se van. No dimiten. Han llegado para quedarse y repartirse el cortijo, su producto y los despojos. ¿Tú qué piensas de todo esto, Virgilio? 

-          Pienso que no hay que ponerse tan altisonante ni melodramático. Fíjate en ellos: ni se inmutan cuando la verdad se les pone por delante. Con negarla...

-          ¿Y cómo quieres que diga lo que siento? Si es que me puede la rabia.

-          Hablas de que otros dimitan, pero tú deberías ser el primero que predicara con el ejemplo.

-          ¿Que predique yo con el ejemplo? ¿A qué ejemplo te refieres?

-          Al de sofá. Ya sabes… los contenedores, el mundo, la gente. Lo que te propuse ayer.

-          Tú te refieres a los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa.

-          No, me refiero a lo que pasa en la calle.

-          Eso es de Machado, don Antonio.

-          No. Es de la realidad.

-          ¿Que dimita del sofá de terciopelo rojo me pides? ¿Y qué pasa con “Saber y ganar”?

-          Para como marcha últimamente el programa... De un tiempo a esta parte ningún concursante se perfila como “magnífico” para un futuro indeterminado.

-          Como todos los futuros y quien al respecto tenga dudas que se las plantee al autor de la gloriosa cita.

-          Ese no tiene dudas y sí respuestas para todo.

-          No en vano es el Jefe Máximo.

-          Eso es lo que él ingenuamente cree.

-          Carne perro.

-          O de caballo.

-          Menos lobos.

-          Por cierto, ¿quién es quién en este confuso diálogo?

-          Tú mismo.

-          Ya…

* “Vine, vi, vencí”, de Julio César, tras derrotar al rey del Ponto en la batalla de Zela.

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DIA 42. CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. "MEMENTO HOMO…" por Miguel Ávila cabezas

DIA 42. CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. "MEMENTO HOMO…" por Miguel Ávila cabezas

En verdad en verdad te digo, dilecto Virgilio, que la renuncia al solio de San Pedro por Benedicto XVI a todos nos ha cogido desprevenidos y, por qué no decirlo, nos ha conmocionado en una u otra medida. Ciertamente nadie se esperaba que el infalible representante de Dios en la Tierra (¡ahí es nada!) en el día de ayer (siempre es hoy) anunciara, urbi et orbe, que lo deja, que ya no se siente con fuerzas para ejercer debidamente el ministerio petrino (¡¿!?), que no tiene cobertura, que ha perdido la conectividad con el más allá y que, para más inri, se está quedando sin batería. Por la gran carga dinámica que ha tenido que soportar durante sus ocho años de pontificado la fatiga sufrida por el material humano del que también está hecho el Santo Pontífice lo ha empujado, digámoslo con todas las letras, a dimitir. Han sido más de veinte viajes y peregrinaciones jubilares, tres encíclicas, la pesadísima losa de los innumerables casos de pederastia destapados en el seno de su Iglesia, que, por otra parte, él en cierta ocasión llegó a justificar, pero sólo casi y para los cometidos hasta los años 70; también ha sido el caso VatikanLeaks y los papeles filtrados por su mayordomo Paolo Gabrielle, las luchas intestinas por el poder y, no se nos olvide, su avanzada edad, su artrosis, su hipertensión y su diabetes la espoleta que ha detonado el proyectil de su inminente partida, sin retorno, a un convento de clausura donde dedicará el tiempo que le quede a escribir y a rezar. ¿Qué te parece? ¿No consideras ejemplar su decisión? ¿Un modelo a seguir? Otros, por mucho más, aunque con menos encíclicas y latines a sus espaldas, se aferran a la poltrona como los chotos a las cabras o, pongámonos alexandrinos, como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca. Y no digo nombres porque ya el personal estará más que harto de escucharlos, saberlos y arrastrarlos en su imaginario común tocado resueltamente por el estupor, la rabia y la indignación, tres en uno y la musicalidad que vaya siempre por delante. ¡Ay, Virgilio, no somos nadie y menos frente a las desnudeces de nuestra terrenal fragilidad! Si ya nos lo recuerda el Génesis, en su capítulo III, versículo 19: Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris. Y nosotros dale que te pego, sin querer enterarnos de la película, pensando, unos, en la eternidad de nuestros vicios y creyendo, otros, en la impunidad de sus infamias. ¿Tú consideras que la última de Benedicto XVI es un aviso para navegantes? Vamos, di algo que estás de un pasotismo que clama al cielo. ¿Qué te pasa que ya ni siquiera dices “esta boca es mía”?

-          ¿Sabes lo que me gustaría?

-          ¿El qué?

-          Que este sofá de terciopelo rojo en el que desaguas tanta cavilación y desespero se convirtiera en una nave espacial que nos llevara a ti y a mí más allá de Orión para ver atacar las naves en llamas y brillar rayos C en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser.

-          Pero eso lo dice Roy Batti, el replicante de Blade Runner. ¿De nuevo vuelves a la intertextualidad?

-          ¿Qué intertextualidad ni que príncipe destronado? ¿No te aburre tanta rutina: el cafecito de la sobremesa, los rollos metafísicos que me marcas un día sí y el otro también en este deslucido sofá y, como remate, un “Saber y ganar” lineal, abúlico, con concursantes que no superan el reto a la primera de cambio o que a la hora de hacer las cuentas son más lentos que un submarino a pedales? ¿No te parece que ya es hora de pasar a la acción?

-          ¿Pero de qué acción hablas? ¿Es que no estás a gusto aquí?

-          No. No estoy a gusto. Ni me siento gato ni me siento hombre ni nada que se le parezca a ambos. ¡¡Quiero marcha!! Venga, mueve el culo y acompáñame a los contenedores.

-          ¿Y qué vamos a hacer allí?

-          Ver el mundo.

-          ¿El mundo?

-          Sí, el mundo.

-          ¡Ah!

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