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NOS TIRARON LEJÍA DESDE LOS BALCONES por Rafael Martínez (HOAC)

Ayer, 29-M, me tiraron lejía desde los balcones de una casa. A mí, y a unos cientos (¿miles?) de personas que nos manifestábamos en Motril. No sé si los que lo hicieron estaban enfadados por la huelga, seguían alguna consigna,  o simplemente  no les gustaba la pancarta que llevábamos y que decía “las personas, y no los beneficios”.  

Puede que para ellos sean más importantes los beneficios. O eso les han hecho creer los que cada año siguen teniéndolos, a pesar de la crisis, y aunque se quejen de que solo sean de un 15 % en vez de un 25 % (es un decir). O los que siguen recibiendo inyecciones de dinero por parte de los gobiernos, o los que están aprovechando el río revuelto para su propia ganancia.  

Porque ellos, los que siguen teniendo beneficios,  son los que defienden  la reforma laboral, porque ven en ella una forma de seguir haciendo negocios, de seguir lucrándose a costa de los derechos sociales de los trabajadores y del desmantelamiento del estado de bienestar y de los servicios públicos ¿Qué importa eso, si para ellos lo más importante son los beneficios? ¿Qué importancia tiene que las personas se queden sin trabajo o las familias se vean en la calle, o la precariedad en los empleos, si ellos consiguen ganancias? 

Las necesidades de los pobres deben tener preferencia sobre los deseos de los ricos, los derechos de los trabajadores, sobre el incremento de los beneficios  Esto no es algo que se me haya ocurrido a mí de repente, es algo que decía Juan Pablo II. 

Por eso fui a la huelga, para decir que lo primero tienen que ser  las personas. Que esta situación es insostenible, pero que no la va a solucionar esta  reforma laboral que,  junto con la reforma financiera, solo pretende alargar un poco más la especulación y los negocios lucrativos para unos pocos, a costa de la precariedad y la explotación de muchos. Con la lejía que  nos tiraron ayer, gracias a Dios, sólo han conseguido estropearme unos pantalones, y muchas camisetas y cazadoras de otra gente que se manifestaba. Pero no pueden cambiar el hecho de que si nos alejamos de las ideologías para mirar la reforma laboral, sin pensar en partidos ni en izquierdas ni en derechas, es esencialmente mala y dañina para las personas. 

Así no hay futuro, ni lo habrá hasta que no se entienda la economía como la gestión basada en la búsqueda del bien común, y no de los beneficios. Hasta que no se ponga a la persona como lo primero en todas las relaciones sociales. Nos lo recuerda también Benedicto XVI en Cáritas in Veritate, 45: “Es la economía la que debe orientarse a las necesidades de las personas y de sus familias; es el ser humano el centro de la actividad económica y laboral. El respeto a la dignidad del trabajo, vinculado a la dignidad de la persona, es y debe ser el criterio central de una economía orientada por “una ética amiga de la persona 

Rafael Martínez Martínez

Militante de la HOAC.

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