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CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 60. "Hoy es siempre todavía" por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 60. "Hoy es siempre todavía" por Miguel Ávila Cabezas

Insólito pero cierto. Esta pasada noche, la noche de todas las noches, se me ha aparecido Virgilio. Así como lo digo. Andaba yo, no precisamente muy atareado que digamos, por la etapa cuarta del sueño (sí, listillo, la del sueño Delta), cuando héteme aquí que, surgiendo de vaya usted a saber dónde, se me presenta el Interfecto a los pies de la cama esgrimiendo una sonrisa que, valga la expresión y el importuno anacoluto, le pillaba con exclusiva mordacidad de rabo a oreja. Ni que decir tiene que al punto me sentí trasladado a la fase del sueño paradójico en cuya dimensión mantuvimos el siguiente diálogo (traslado literalmente lo que entonces se dijo, con puntos, comas, puntos y comas y otras tonemáticas menudencias y acotaciones):

-         YO: (Atónito, en la espiral del sueño.) ¡Virgilio! ¿Tú? ¿Eres tú?

-         VIRGILIO: (Desde su territorio onírico.): Ron ron ron… ron ron ron…

-         YO: Eso quiere decir…

-         VIRGILIO: (Rotundo.) ¡Ron!

-         YO: ¡Hombre, digo gato, ya era hora!

-         VIRGILIO: (Con expresión abiertamente inquisitiva.) ¿Ron ron ron ron?

-         YO: ¿De qué va a ser? De que de una vez por todas asomaras tu insigne jeta por estos andurriales.

-         VIRGILIO: (Supuestamente agriado.) ¡Ron ron ron ron ron ron ron ron!

-         YO: No hace falta que me lo digas con tanta energía. Siempre lo he sabido. A nuestra común experiencia vital me remito.

-         VIRGILIO: ¡Ron ron ron ron ron ron ron ron ron! ¿Ron ron ron ron ron? ¿Ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron?

-         YO: No me hables de “carretes”, Virgilio. Sabes perfectamente que siempre has hecho lo que te ha dado la morganática gana. El que tú y yo, por cosas del destino, pertenezcamos a especies distintas no quita para que no nos podamos comunicar como Dios manda y en su momento dispuso. Eso sí, con la educación y las buenas maneras siempre por delante. Fíjate, si no, en Cora (delicuescente), con esos ojos oceánicos que tiene, con esa ternura que emana de todos y cada uno de sus gestos y movimientos… Esa cachorrita mía del alma…

-         VIRGILIO: ¿Ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron?

-         YO: ¿Que qué tiene que ver aquí la perra esa? ¿Tú qué crees? Mucho tiene que ver mi Cora del alma. Para compensar el vacío que tu ausencia nos dejó, los dioses nos la trajeron en venturoso día de este verano en el que al tiempo, por supuesto, tampoco le ha dado por detenerse. Y nuestro trabajico que nos ha costado sacarla adelante…

-         VIRGILIO: ¡Ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron! ¡Ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron!

-         YO: (A pique de un repique.) ¡Aunque en estos últimos meses te haya echado tanto en falta, no te permito que te dirijas a mí en esos términos! ¿Cursi? ¿Zoofílico? ¿Pedofílico yo? ¿Cómo te atreves? ¿No será que te están reconcomiendo los celos? 

-         VIRGILIO: (Irónico a más no poder.) ¿Ron Ron ron? ¿Ron ron ron ron ron Ron ron?

-         YO: Jaro es otro concepto, que diría el pope cultural de la costa nuestra.

-         VIRGILIO: (Herido en lo más profundo de su gatuna condición.) ¡Ron ron ron ron ron ron! ¡Ron ron ron ron ron ron ron ron!

-         YO. ¿Cómo puedes decirme eso, Virgilio? ¿Que yo nunca te quise? ¿Que únicamente he ido siempre a lo mío? ¿Y nuestras plácidas tardes de “Saber y ganar” en el sofá de terciopelo rojo? ¿Y nuestros sesudos diálogos sobre lo humano y lo divino en él acomodados?

-         VIRGILIO: (Granaíno.) ¡Ron ron!

-         YO: ¿Cómo que pollas? ¿Así, a la primera de cambio, tiras por la borda sesenta días como sesenta soles?  (Cabreado sin duda.) ¡¿Pollas?! ¡¿Pollas?!

-         VIRGILIO: (Más granaíno aún.) Ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron.

-         YO: ¿Sesenta días como sesenta pollas? ¿Eso es todo lo que me tienes que decir? ¿A qué has venido entonces?

-         VIRGILIO: (Sardónico, con su punto justo de malafollá.) Ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron ron.

-         YO: (Indignaaadííííssiiimooo.) ¡Esto ya clama al cielo! ¡Ahora me sales con esas: con que yo no paro de darte por culo un día sí y el otro también! ¡Tu boquita destila esta noche el más puro de los lirismos!

-         VIRGILIO: (Impertérrito.) Ron ron ron ron, ron ron ron ron ron ron ron.

-         YO: (Conciliador.) Virgilio, seamos sinceros. Lo nuestro se está convirtiendo en un auténtico diálogo de besugos. Y yo, a estas alturas de la noche, no estoy para bucles.

-         VIRGILIO: Como quieras, pero que conste que has sido tú, y solo tú, quien me ha estado llamando sin cesar. No yo… a ti.

-         YO: (Francamente indignado.) ¡¡Ron!!

-         VIRGILIO: Tú mismo. (Vase flotando hacia el fondo del vacío.)

-         YO: ¡Ron ron ron! ¿Ron… ron… ron…? 

(Silencio. Nada.)

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