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POR ALUSIONES por Francisco Javier Alvarez de Cienfuegos Coiduras

POR ALUSIONES  por Francisco Javier Alvarez de Cienfuegos Coiduras

Ante las arteras insinuaciones contenidas en el libelo de D. Juan José Escribano  publicado en Motril@Digital el día 28-08-11 bajo el título "Sobre la marcha", me veo en la obligación de efectuar las siguientes precisiones:

Primera. Empiezo por decir, en su descargo, que creo que me ha confundido con otra persona. Sólo bajo tal hipótesis puedo concebir su  alusión a mi entorno familiar cuando dice: “Y de todo y hasta familiarmente, repase su entorno, que yo tengo repasado el mío, hubo en la viña del señor o para entendernos en la Vega de Motril. ¿Me sigue en este repito, “laborintio” o “jollín”, en que se ha metido, sin llamarle?”; ¡qué encantadora evocación, Sr. Escribano!, sólo podía haber salido de su pluma magistral, no hay más ver los “farfullitos”, tan propios de usted y de su personalidad literaria, con los que de modo tan erudito adorna su texto.

Pero, yendo al fondo, la verdad es que ni entiendo, ni, por ende, puedo “seguirle” en lo que dice que “hubo” en la Vega de Motril. En esta imputación velada, si no me ha confundido con otro, debería usted aclarar, “para entendernos” realmente, lo que “hubo” en la Vega de Motril, ya que eso de tirar la piedra y esconder la mano está muy, pero que muy feo.

Y ante todo, Sr. Escribano, la discrepancia que expresé en mi artículo se refería exclusivamente a sus ideas, no a usted ni a su familia, contra quienes no tengo absolutamente nada . El asunto se dirimía entre usted y yo, cara a cara; ir a parapetarse en el entorno familiar es hacer trampa. 

Segunda.  La segunda alusión a mi familia (y con ésta ya van dos) está en este otro pasaje, iracundo y campanudo: Otra cosa, Sr. Alvarez de Cienfuegos, no me dé lecciones, ni ud. ni su casta, de gallardia y menos de honradez. Hasta ahí podríamos llegar, Sr. Alvarez de Cienfuegos”; si emplea casta en la acepción de generación, estirpe, linaje, ascendencia, deduzco que también está usted aquí invocando, innoblemente, mi entorno familiar, ¡vaya, hombre!. En fin, ya le he dicho antes que aquí no se trata de las parentelas sino de las ideas personales que cada uno está muy en su derecho de defender sin tener que guarecerse en la saya del propio clan.

Sentado lo anterior, tenga la seguridad de que nadie, que yo sepa, quiere darle lecciones de nada; ni siquiera de gramática, que es, aparentemente, de lo que más flojillo anda -y sí que lo demuestra cuando usted mismo expresa que “escribo como quiero y me da la gana”…!y qué verdad es!-. 

Tercera.  No tiene usted, sin embargo, empacho alguno en darme “algún consejillo” (por utilizar, una vez y sin que sirva de precedente, la temeraria técnica de utilizar sus mismas palabras). Así cuando dice Se lo dice o mejor le da un consejillo, quien “algo” hizo desde muy temprana edad para que ello se olvidara y después conseguido el tema siguió al pie del cañon, como vulgarmente se dice. Por ahí y solo una pregunta…¿Donde y que hacía ud. en los años 60; 70  y 80 por la normal convivencia entre españoles dejando de mirar – sin olvidar – hacia atrás con ira y sí al frente con esperanza?”.

¿Es una chirigota?. ¿Ya en los años 60 y 70, estaba usted al pie del cañón para que se olvidara “aquéllo”?, ¡fantástico, Sr. Escribano, fantástico: es usted mi héroe!. Y yo mientras tanto, pues nada, “cagao” de moscas, hecho un auténtico paria (que no tenía marjales en la Vega de Motril –y ni un palmo de tierra en ningún otro sitio-) y que, como tantos otros,  trataba de labrarse su futuro para vivir de su propio trabajo profesional y no del cuento ni de los demás, como hace tanto “señorico” que pendonea por ahí. ¿Me sigue, Sr. Escribano?. 

Cuarta. Deja usted para la posteridad una verdadera perla cuando dice que no le “abruman los titulillos y más cuando uno conoce como se logran”. No sé a qué “titulillos” se refiere; yo, los únicos títulos que tengo son los universitarios, así que si usted también los tiene sabrá que sólo se logran con esfuerzo y sacrificio. Y no son “titulillos”, sino credenciales que otorga el Estado a quien ha demostrado el trabajo, la idoneidad y el mérito a tal fin requeridos; y luego, claro, digo yo que estarán esos otros “titulillos” heterogéneos con que –por  motivos y pretextos varios- obsequian o gratifican los distintos tipos de asociaciones, gremios y sobre todo, cofradías, que tanto proliferan en nuestra tierra. Estos “titulillos”, de los que no poseo ninguno, desconozco cómo se logran; el Sr. Escribano, según manifiesta él mismo, sí sabe cómo se consiguen. Pues bueno, mejor para él. 

Quinta. La razón más importante por la que creo, como al principio dije, que me ha confundido con otra persona, es el episodio al que se refiere como ocurrido, según usted, en el campo de fútbol de Motril. Según su narración “tocado me dejó y puede que por eso la “ojeriza” para conmigo, cuando en el “Escribano Castilla” en un Motril-Granada cruzamos unas frases poco amigables por la defensa que hacia del Granada y un jugador del mismo en dura entrada a un motrileño. ¿Verdad que lo recuerda Sr. Alvarez de Cienfuegos?. 

Sr. Escribano: vaya por delante, en primer lugar, que nunca en mi vida he cruzado palabra con usted, así que es estéril que me pregunte si recuerdo una conversación que nunca mantuvimos; en segundo lugar, la prueba irrefutable de que usted habló con otra persona está en achacarme que antepusiera los intereses del Granada a los del Motril, lo que es un desvarío o una mentira. En tercer lugar, no le tengo “ojeriza”, ya se lo he dicho antes, por más que un simplismo recalcitrante le conduzca a ver en todo una afrenta personal y familiar. Simplemente discrepo de sus ideas, Sr. Escribano. Eso es todo.

Y para terminar, le tomo la palabra: también para mí aquí se acaba el asunto.

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