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CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 52: ¿Y AHORA QUÉ? por Miguel Ávila Cabezas

CON VIRGILIO EN EL SOFÁ. DÍA 52: ¿Y AHORA QUÉ? por Miguel Ávila Cabezas

Desde que el otro día se me manifestara Virgilio en toda su plenitud fatalista y canalla me debato, como el otro que dice, en un sinvivir permanente, en una suerte de estar sin estar en mí como le ocurriera a aquella Santa Teresa de Ávila y Jesús que a Dios veía sistemáticamente en los pucheros. (A saber con qué mezclaría la del brazo incorrupto el colacao de después de los maitines). Yo, sin ánimo de querer parecer original, lo veo, a Dios digo, en el ibérico de bellota maridado con un ribera del Duero de los que, por qué no decirlo, quitan er zentío.

Aunque estoy a régimen y a mi lado una sílfide es la reinona de las rumiantes, un homenaje de vez en cuando no me lo quita ni el complejo de culpa ni la paranoica visión de un futuro dominado por el colesterol y el azúcar tan alto tan alto tan alto como la lunanana. Obviamente, y siguiendo con lo de Virgilio, ya ni me atrevo a abrir la boca para decir que esa ídem es mía y que ella me pertenece por puro derecho consuetudinario muy a pesar de la filípica virgiliana. Dios mío, ¿y yo qué he hecho para merecer esto? Diré para mi consuelo que a veces me asalta la duda sobre la verdadera identidad de quien anteayer mismo me habló desde las profundidades de mi subconsciente ¿Fue en verdad Virgilio el que me lanzó sus dardos envenenados o más bien lo fue ese yo dividido que todos llevamos dentro y que en mi pesadumbre por tan larga ausencia oyó la voz (su voz) mintiéndose a sí mismo y, por ende, al millón de lectores que regularmente me siguen en este medio? Mi ego reencarnado en gato. No es de extrañar. El gato mudado en mí. Aún menos. (“Yo soy tú y tú eres yo…”: mi alter ego).

Los elementos del binomio son más que evidentes: como en la fábula del cuervo y la zorra, la historia del cazador cazado, la del regador regado o bien la del arrendador arrendatario, por citar. Y si no que se lo pregunten a nuestros entrañables (y ya miembros de pleno derecho de la doliente familia hispana) Iñaki y Cristina, que tanto montan, montan tanto y al final acabarán siendo… montados por la implacable maquinaria del… enjuague. Como a los dos interfectos no le cuadraban las cuentas, lo mismo que al supermagnífico Antonio en “La calculadora” (“Uno más uno” (…) “Tres”), pues decidieron, el hoy muerto viviente y la ayer consorte ignorante, alquilarse a sí mismos el coqueto palacete de Pedralbes. Nada nuevo bajo el sol imperial de la mentira.

Las cosas como Dios manda y España siempre es una en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la alegría y en la tristeza, todos los días de nuestra vida y hasta que la muerte nos separe amén. Yo te me alquilo y tú te me pagas: un nuevo concepto de arrendamiento cunero. ¡Genial! Un bucle financiero por mera falta de liquidez. Mañana mismo me realquilo yo al doble de lo que pago el piso de la casa modernista y me sale…, déjame que eche las cuentas, lo comío por lo servío. “Fifti-fifti”, que diría el doctor en la lengua del Chespi ese. Si es que me lo ponen a güevo. ¿Cómo voy a poder resistirme al comentario constructivo y pedagógico? Un día por una cosa, y el otro por la otra, me ofrecen en bandeja de plata mil y un motivos (estos y los de más allá, que conste) para explayarme en la reflexión metastásica y follonera del patio de Monipodio en que han convertido este país. Aprovecho que Virgilio se encuentra sumido en la fase REM de su sueño cazador (de vez en vez alza una pata como queriendo atrapar cualquier incauto pajarillo perdido en la inmensa jaula de mi subconsciente) para decir lo que digo, aunque sea tan sólo a mí mismo y a quien me lee, que sois legión y no precisamente el Virgilio de mis anímicos quebrantos. ¡Ay, si Unamuno levantara la cabeza! ¿Qué le dolería? ¿España? ¿Y en qué parte del organismo se localiza exactamente España? ¿En la garganta, en el hígado, en la hipófisis, en el colodrillo, en el corazón? ¿Más abajo tal vez? Tengo para mí que algunos hay por estos pagos que tienen alojada España, nuestra querida España, en el quinto espacio intercostal, el cual, según parece, es el punto anatómico más próximo a la cartera.

-         ¡¡¡Fiuuuuuuuuuuuuu!!!

(¡Coño, Virgilio se ha vuelto a despertar!).

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