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Una Golfería Total

Una Golfería Total

Jesús María Cascón Murillo.- Una de las cosas más extrañas que pueden suceder en un sindicato es que cante la rana. Es decir, que alguien se vaya de la lengua. El sindicalismo (aquí y en Malasia) es un coto cerrado, un nido de cernícalos (que nadie se ofenda y si no conoce el pájaro en cuestión, que agarre el diccionario) que se protege de cualquier injerencia externa, lavando la ropa en tendederos ocultos. Hasta ahora. La presión ejercida sobre UGT y el elevado nivel de despropósitos ha removido conciencias hasta el punto de hacer que alguno de la vieja guardia suelte un puñetazo encima de la mesa y cuente las verdades.

La mesa era la de una cafetería sevillana, lo ilustra El Confidencial y no deja títere con cabeza. Mejor dicho, deja a un totem en evidencia y confirma lo que muchos sabían y la opinión pública ahora también sabe: Pastrana dirigía la sección andaluza del sindicato con mano dura, férrea convicción, desde su casa y con todas las comodidades propias de un consejero delegado de una empresa multinacional. Aunque dejó el cargo en 2013, el historial de este personaje, que debió apartarse de la actividad sindical hace muchos años, es esperpéntico, lamentable y muy ilustrativo de la acción laboral que realizan las formaciones sindicales en nuestro país. Cortijada total.

Pastrana hizo y deshizo a su antojo, según parece, menos con su mano derecha, que más que mano derecha ha sido derecha e izquierda sobre su dolorida columna. Cierto es que el titular de la noticia es impactante y pelín amarillista (El jefe de UGT-A mantuvo a la responsable del Área de Mujer "porque le daba masajes"), titular del que se desprende que, si la susodicha no hubiese aliviado sus dolores, ahora estaría en la calle, como tantos otros que se han atrevido a cuestionar las maniobras del otrora máximo responsable del sindicato en Andalucía. No nos fijaremos en exceso en la figura de este dirigente porque preferimos hablar del presente y del futuro más que del pasado, sobre todo si es un tiempo pretérito cargado de irregularidades. Para eso están los tribunales de justicia.

Que un miembro de la sección dura de UGT declare que Pastrana mangoneaba a su antojo y que convirtió a una dirigente en su secretaria particular provoca muchos interrogantes, pero nos llama más la atención el pasotismo e inmovilismo de la dirección del sindicato en Madrid, donde Cándido Méndez asiste impertérrito a este aluvión de noticias desalentadoras, mostrando a la ciudadanía un gesto parecido a la vaca que mira el tren: ni sabe lo que es ni le interesa. Pero lo cierto es que debería interesarle o, al menos, preocuparle porque, como máximo responsable del partido, es él y su comité directivo el que ha debido poner límites al poder y la gestión de los jefes regionales, algo que nunca ha pasado. Y así les luce el pelo. Como declara Germán Domínguez, es vomitivo que un sindicato aliente, aplauda y consienta un ERTE brutal sobre 57 trabajadores acompañado de un ERE también descarado sobre otros 159 currantes. Y mientras eso ocurría, se destapaba el facturón de 852 euros con una Visa Oro en Sudáfrica.

Pastrana, como otros sindicalistas, ha entendido mal la capacidad de dirigir una organización. Lo han entendido mal muchísimos en este país, bien porque han usado sus cargos para vivir a la sopa boba, bien para acumular billetes en una cuenta en Suiza; no veo diferencia entre unos y otros, vienen del mismo agujero negro de este país que no supo darse cuenta que los tiempos de bonanza no sirven para estirar las piernas y saborear mojitos, sirven para guardar el heno en el pajar por si las vacas flacas. Todos, absolutamente todos, hicieron de su capa un sayo, tiraron por la calle de en medio y “enmierdaron” a sus subordinados haciéndoles partícipes de tramas, fiestas, ágapes, comilonas y prebendas que asquean a cualquiera que no puede llegar a fin de mes. Ellos se han comido sus sueldos, sus trabajos y sus subsidios. Y ahora no pueden comparecer ante la justicia porque la justicia está hasta las cejas de expedientes, enterrados en papeles de ERES falsos, de comisiones fraudulentas y de choricerías variadas, originadas en su mayoría en la época en la que la gente se compraba pisos como si fuesen churros y aquí no pasaba nada.

Si en un país, el que te tiene que proteger tus derechos laborales te empuja al barranco, apañados vamos. Pastrana es el claro ejemplo de un sindicalismo que protege a los suyos, unos pocos, y a los demás los condena a su suerte. La misma suerte que poseen seis millones en España. Al loro.
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