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¡EN QUÉ BAR – CENAS? por Ignacio Peláez Pizarro

¡EN QUÉ BAR – CENAS? por Ignacio Peláez Pizarro

     De un tiempo a esta parte, no hay día ni noticiario sin su correspondiente caso de corrupción. Unas veces dicho caso pertenece a un partido, otros a otro, otros al de más allá. El caso es que no se libran ni tirios ni troyanos. 

Y eso es lo que aparece; pero no será exagerado pensar que habrá otros tantos casos de corrupción, que no saldrán, por arte de birli birloque, a la luz publicada. ¿Qué partido o institución no está salpicado por su Bárcenas, sus EREs, su Nóos, su Gürtel, su…vaya Vd. a saber?. 

A todos nos interesa que estos y otros casos se aclaren, se condenen, devuelvan todo el dinero indebidamente sustraído y estén a la sombra un tiempo razonable, pero no con los brazos cruzados, sino realizando trabajos en bien de la comunidad.

A toda la sociedad le interesa, pero mucho más debe interesarles a los propios partidos e instituciones, pues de lo contrario estaría justificado el sentir popular de que todos son iguales, lo cual no sería justo. 

Mucho daño están haciendo a la imagen de nuestro país estos hechos de corrupción, y corremos el peligro de llegar a ver como normal lo que nunca debería serlo; corremos el peligro de hacer bueno aquel dicho de nuestra picaresca: . 

Si tal cosa ocurriera, seríamos un pueblo miserable y regresaríamos a las cavernas. 

Por eso, todos debemos reaccionar, los partidos e instituciones a la cabeza, y pedir, y exigir que se cumplan una serie de normas, que son de sentido común y que ayudan a los hombres a vivir de pie, con dignidad.

 Exigir en primer lugar que toda persona o colectivo que robe, devuelva hasta el último céntimo. Exigir que todo cargo público no esté en su puesto más allá de dos legislaturas, cumplidas las cuales vuelva a su situación anterior de ciudadano y sin prebendas de ninguna clase; y no como ahora, que hay cargos públicos que llevan treinta años en su poltrona, convertidos en profesionales de la política. 

Pero sobre todo, los ciudadanos debemos convencernos y animarnos a que rijan nuestra vida y nuestra convivencia una serie de valores éticos, que son absolutamente necesarios para llevar una vida realmente humana y para constituir una sociedad responsable y limpia. 

Ante todo debemos ser ciudadanos activos y participativos en la marcha de nuestra sociedad; no conformarnos con que nos reduzcan a votantes, a clientes, a contribuyentes, a consumidores, y además sumisos siempre. Sino tener consciencia de que el barco es de todos y que todos tenemos derecho y obligación a remar para llegar a buen puerto; tener consciencia y conciencia de nuestra personal responsabilidad. 

Debemos defender y vivir el valor de la honradez, de realizar con seriedad nuestra misión; el valor de la veracidad, de decir la verdad y de exigirla; el valor del respeto a los demás; el valor de la solidaridad, sabiendo que todos somos iguales y hermanos; el valor de ser libres en el pensar y en el actuar; el valor de ser justos. 

“Sabéis que los jefes de las naciones las gobiernan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo” (evang. de S. Mateo c. 20, 25-26). 

Sabias y sensatas palabras de Jesús de Nazaret, que si las lleváramos a la práctica, no tendríamos que preguntar a unos en qué bar-cenas, ni a otros en qué ERE te atiborras.

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