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" República es futuro" por Felipe Villa

" República es futuro" por Felipe Villa

Mucho se ha caído en el estereotipo de considerar que la evocación o conmemoración de la II República Española era un mero acto de nostalgia y de evocación de un periodo de radicalidad. Sin duda se trata de un error que hemos cometido los que estamos a favor de tal sistema político, que no hemos sabido darle la impronta de futuro necesaria, y, sin duda, es una manipulación interesada  y sostenida de sus detractores.

                De cualquier forma, es cierto que la defensa de un sistema como el republicano tiene algo de necesidad retrospectiva, pues no podemos olvidar que los “vencedores” se encargaron de sepultar todo lo que significó ese movimiento para nuestro Estado, manipulando la realidad para acomodarla a sus espurios intereses propagandísticos. Y lo que me parece más grave, que en el periodo actual se haya silenciado la verdad para tratar de silenciar este debate.

                Por eso, en parte, es necesario recordar lo que realmente significó el movimiento republicano, recordar que supuso un salto cualitativo muy importante en una sociedad donde hasta ese momento la injusticia atroz, el atraso secular y la abismal desigualdad estructural  se imponían desde muchos siglos atrás. Ese periodo fue el único al que se le puede tildar de democrático en toda nuestra historia previa a 1977, pues los periodos anteriores estuvieron dominados por el caciquismo, que establecía los resultados.

                Aquel periodo resultó ser un paso hacia la modernidad, con una constitución que por primera vez puso a los trabajadores y trabajadoras en el centro de la actuación del Estado, donde se imponían, también por primera vez, los derechos sociales que serían el empuje inicial para las actuales constituciones europeas, donde el Estado garantizaba para toda la población la educación (no podemos olvidar las misiones pedagógicas), la sanidad, la vivienda , donde se instauraba la separación entre Estado e Iglesia, que hasta ese momento había determinado el poder y la estructura social de este país. Se trató de un periodo donde se abordó el problema territorial, permitiendo las autonomías, al igual que ocurrió con la Reforma Agraria y la del ejército. Una constitución que reconocía los primeros derechos laborales y de retiro obrero o prohibía el uso de la guerra como método de resolución de conflictos.

                Es decir, un periodo que encarnó, con sus luces y sus sombras, las ansias de libertad e igualdad de todo un pueblo que históricamente había estado sojuzgado hasta límites increíbles.

                Estas cuestiones, por mucho que algunos se empeñen en reescribirlas, fueron de esta manera, pues para comprobarlo sólo hay que echarle un vistazo a la Constitución de 1931. Cierto que no todo fue un camino de rosas, pero más que nada la II República fue una maravillosa promesa a la que no dejaron asentarse ni desarrollarse.

                Pero como decía antes, el movimiento republicano no es una mera reivindicación del pasado ni tiene como estrategia la nostalgia, sino que se trata de una opción política y social de futuro, que no renuncia al deber moral de recordar a todas las personas que dieron su vida y libertad en defensa de esos valores, pero que trata de avanzar con ilusión para consolidar una alternativa política al sistema actual.

                Creo que en estos momentos de crisis económica, trasladada interesadamente a los principios democráticos, donde la voluntad popular ha quedado más devaluada aún, es el momento de alzar la voz y proponer otra forma de organizar la estructura política del Estado.

                No sólo se trata de elegir entre todos y todas al Jefe del estado, que también, pues una sociedad que se proclama democrática no puede tener cargos institucionales que sean vitalicios y transmitidos por herencia, sino que la participación ciudadana llegue a todos los rincones  institucionales del Estado y de forma permanente. El modelo republicano debe estar basado en la participación constante de la ciudadanía, en el control democrático permanente de todos los gobernantes y en un sistema económico que esté al servicio de la gente y no al revés, como sucede hasta ahora.

                Por eso lo valores y principios inspiradores han de cambiar, porque la democracia en un modelo republicano debe ser real y plena, vinculada permanentemente a la sociedad, basados en principios de igualdad material y no sólo formal, solidaridad, humanismo,  educación, cultura, sostenibilidad, conciencia social y ambiental. Pero que no sean meras palabras de un frontispicio legal sino prácticas habituales de desarrollo.

                La República, el republicanismo, sigue siendo un proyecto de futuro, y cuanto más chillan algunos, más cerca está de conseguirse.

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