Blogia
Motril@Digital

DÍA 2 "CON VIRGILIO EN EL SOFÁ" por Miguel Ávila Cabezas

DÍA 2 "CON VIRGILIO EN EL SOFÁ" por Miguel Ávila Cabezas

DÍA 2: Fiel a lo exclusivamente suyo, es decir, a su costumbre invasora, Virgilio vino de nuevo a echarse junto a mí en ese preciso momento en que el concursante de Pala…, Palagru…, Palafrugell (provincia de Girona) cayó eliminado en la prueba del reto pues se mostró harto lento y desmañado para dar con la última palabra de las siete cuyas respectivas definiciones le presentaba, en off y a velocidad de vértigo, Juanjo Cardenal.

Aquí consigno sus tres primeras letras y la definición propia por si hay alguien al otro lado que se atreva a adivinarla: CAM- = Hipócrita, astuto, embustero, que miente o tiene tendencia a mentir. Ni que decir tiene que, ya puestos, el sagaz de Virgilio dio a la primera con el término en cuestión: CAMANDULERO, y no CAMALEÓN como vanamente apuntara el palafrugellense, que tal es su gentilicio. “Pero, Virgilio, ¿cómo es posible que tú, un simple gato cuya única preocupación es no tener ninguna, sin comerlo y sin beberlo (que más quisieras, perillán…) haya dado con un vocablo tan abstruso? Y no me preguntes qué significa “abstruso”, pues no hay en el mundo entero nada ni nadie más abstruso que tú”. Con un instinto claramente palatalizante, sobre todo en la pronunciación del fonema fricativo coronal alveolar /s/, y no de arrebato falto, erizando su falso lomo se me encara entonces el minino máximo y tonante me lanza, a la guisa marianil, la proverbial epanadiplosis: “¡¡Inchidiach, echo chon inchidiach!!”.

Pasmao, o aun más que ello, atónito, es-tu-pe-fac-to digo, me quedo ante la intempestiva reacción metamórfica de quien un minuto antes no fuera invitado a echarse de nuevo a mi diestra adormilada. “Pero Mariano… digo Virgilio, ¿qué dices? ¿Por qué me gritas de esa forma tan… gatunamente incorrecta? Tú sabes, y lo sabes muy bien, que abstruso es adjetivo que hace referencia a algo (o alguien) que posee la cualidad de lo recóndito, de lo que es de difícil comprensión o inteligencia. Y si no lo sabes, mira el diccionario que para eso está”.

No quiero herir sensibilidades y por ello omitiré lo que al punto salió por la boca de Virgilio (ron-ron-ron) como réplica a mis palabras. Tan sólo referiré que sus pupilas se incendiaron de rabia y tomaron la vertical forma de dos navajitas plateás que en la quietud del salón-comedor (“Saber y ganar” ya había pasado el testigo a un documental sobre tiburones) no me perfilaron el gesto porque el dios del mercado no quiso que acabase convertido en un activo tóxico. Menuda se las gasta el felino cuando se mosquea.

Desde entonces permanece en su rincón como un Don Tancredo, inasequible al desaliento e impasible el alemán; y se niega en rotundo a conceder entrevistas. Tengo para mí que este gato está triste… y azul. En fin, ya veremos lo que me deparará el mañana, vacío y por ventura pasajero. (¡Ay Machado, Machado, Don Antonio, cuánta razón tenías!).

0 comentarios